Ansel Adams y la fotografía irrepetible: la luna sobre el cementerio de Hernández


El 1 de noviembre de 1941, al caer la tarde, un fotógrafo de 39 años conducía por una carretera del norte de Nuevo México con su hijo pequeño, Michael, y su mejor amigo. Al pasar por el pueblo de Hernández vio la luna saliendo sobre una iglesia y un cementerio lleno de cruces blancas, justo el día de Todos los Santos. Frenó en el arcén y empezó a gritar. Ese hombre era Ansel Adams, y la foto que hizo en ese minuto cumple hoy 85 años.

Adams viajaba por encargo del Gobierno de Estados Unidos para fotografiar paisajes del Oeste. En su autobiografía contó que aquella escena lo desbordó y que les gritó a su hijo y a su amigo: «¡Coged esto! ¡Coged aquello, por Dios! ¡No tenemos mucho tiempo!». No encontraba el fotómetro. Calculó la exposición de memoria, a partir de la luminosidad de la luna, y disparó una sola vez. Cuando quiso hacer una segunda placa, el último rayo de sol ya se había ido de las cruces.

Durante décadas no supo en qué día exacto había hecho la foto, porque no lo apuntó. Fueron astrónomos quienes, estudiando la posición de la luna, acabaron fijando la fecha: tarde del 1 de noviembre de 1941. Adams llegó a positivar más de 1.300 copias a lo largo de su vida, y en octubre de 2021 una de ellas, de gran formato, se vendió en Nueva York por 930.000 dólares.

La foto más famosa de su vida fue de un cementerio humilde iluminado en un día de difuntos.