Tercera parte. México ante el futuro de la Terapia Respiratoria

Las reflexiones de Félix Khusid permiten establecer una dirección para el desarrollo de la Terapia Respiratoria: fortalecer la formación científica, participar con mayor profundidad en el cuidado clínico y construir servicios que reconozcan y desarrollen a sus integrantes. Trasladar estos principios a México exige comenzar por las condiciones en las que se forman y trabajan nuestros profesionales, así como por las necesidades de la población.
El desafío incluye ampliar la disponibilidad de atención, mejorar su distribución y asegurar que las competencias adquiridas puedan ejercerse dentro de servicios organizados. La profesionalización requiere una política educativa y laboral acompañada de recursos, responsabilidades definidas y evaluación de resultados.
Una realidad sanitaria que condiciona el desarrollo profesional
Los datos de Health at a Glance 2025 muestran diferencias importantes entre México y el promedio de la OCDE. El gasto sanitario representa el 5,9% del PIB, frente al 9,3%; existen 2,7 médicos y 3 profesionales de enfermería por mil habitantes, frente a 3,9 y 9,2, respectivamente. La disponibilidad hospitalaria es de una cama por mil habitantes, comparada con 4,2. Son indicadores generales del sistema; no permiten calcular directamente cuántos Terapeutas Respiratorios faltan. Sí describen un entorno de recursos limitados en el que debe planificarse su desarrollo. www.oecd.org
Además, los hogares mexicanos financian directamente más de un tercio del gasto sanitario. Esto obliga a considerar la capacidad económica del paciente al organizar diagnósticos, tratamientos y seguimiento. La continuidad asistencial depende también de que las personas puedan acceder a lo indicado y sostenerlo en el tiempo. www.oecd.org
La edición de Expansión/FUNSALUD (Nov. 2026) presenta avances del sector hospitalario privado, junto con problemas de desgaste laboral, formación y desigualdad tecnológica. Su ranking comprende hospitales participantes y no representa al conjunto del sistema. Sin embargo, sus artículos permiten reconocer una tensión relevante: la incorporación de tecnología puede avanzar más rápido que la preparación del personal y la capacidad para extender sus beneficios.
En Medicina Respiratoria, esta tensión obliga a revisar el funcionamiento completo del servicio. Disponer de ventiladores, sistemas de oxígeno y monitores requiere profesionales preparados, insumos, mantenimiento y organización para utilizarlos de manera segura.
El primer déficit que debe corregirse es el de información
Una estrategia nacional necesita conocer cuántos Terapeutas Respiratorios ejercen, dónde trabajan, qué formación tienen y cuáles son sus funciones. También debe identificar egresados, vacantes, rotación y necesidades por nivel de atención. Los documentos revisados no ofrecen un censo nacional suficiente para resolver estas preguntas.
Sin esa información, resulta difícil justificar la apertura de programas, dimensionar plantillas o identificar territorios prioritarios. Las estimaciones profesionales pueden orientar una discusión inicial, pero deben convertirse en registros verificables.
El primer compromiso debería ser construir un diagnóstico de la fuerza laboral respiratoria mediante colaboración entre instituciones educativas, empleadores, autoridades y organizaciones profesionales. Este ejercicio tendría que distinguir necesidades hospitalarias, ambulatorias, de rehabilitación y domiciliarias.
En Latinoamérica existen trayectorias educativas y marcos profesionales diferentes. Compartir métodos de registro e indicadores sería útil; asumir que todos los países tienen las mismas necesidades impediría diseñar respuestas pertinentes.
Profesionalizar y formar nuevos integrantes son tareas complementarias
La propuesta de Khusid de elevar la formación conservando vías accesibles de ingreso tiene especial relevancia. México necesita oportunidades rigurosas de progresión académica para quienes ya trabajan y programas que incorporen nuevas generaciones.
La continuación de estudios puede fortalecer conocimientos, investigación, docencia y gestión. Su diseño debe reconocer aprendizajes previos mediante criterios explícitos, identificar brechas y exigir formación adicional. La experiencia laboral aporta valor, pero necesita examinarse junto con conocimientos y desempeño.
Al mismo tiempo, deben ampliarse las posibilidades de ingreso para nuevos estudiantes. Mejorar las credenciales del personal existente no incrementa por sí mismo la disponibilidad de profesionales.
Ambos procesos requieren docentes, campos clínicos y supervisión. Aumentar matrícula sin asegurar estas condiciones puede trasladar el problema desde la escasez hacia una preparación insuficiente. La expansión educativa debe planificarse junto con la capacidad de contratación y las necesidades asistenciales.
Definir competencias y evaluar su aplicación
La transición académica necesita una definición compartida de las capacidades esperadas en cada etapa. Conviene distinguir competencias iniciales de aquellas que requieren formación adicional en cuidados críticos, pediatría, neonatología u otros ámbitos.
La enseñanza debe integrar fisiología, fisiopatología, evaluación del paciente, tecnología, comunicación y seguridad. La evaluación tendría que comprobar si el profesional reconoce un problema, fundamenta una intervención dentro de sus atribuciones, observa su efecto y comunica cuándo necesita apoyo.
Los estándares de competencia laboral pueden contribuir a evaluar actividades específicas. Los programas universitarios proporcionan una formación más amplia. Ambos deben articularse respetando sus alcances, sin presentar una certificación de procedimiento como equivalente a una carrera profesional.
La conferencia “Medicina Respiratoria: Presente y Futuro” de octubre de este año, propuso avanzar hacia competencias demostrables mediante práctica supervisada, simulación y evaluación objetiva. Esa orientación puede traducirse en instrumentos comunes entre escuelas y hospitales, con criterios transparentes y retroalimentación.
Integrar el cuidado respiratorio a lo largo de la atención
La mirada hospitalaria necesita conectarse con prevención, detección, rehabilitación y seguimiento. La resolución WHA78.5 (OMS 2025-2026) plantea integrar la salud pulmonar en la atención primaria y fortalecer las rutas de referencia hacia otros niveles. Este marco ofrece una orientación pertinente para organizar servicios, considerando las condiciones nacionales. apps.who.int
En términos operativos, cada institución debe definir cómo se detecta un problema, quién lo evalúa, cómo se comunica y qué ocurre después de la intervención inicial. La entrega entre turnos y el egreso requieren la misma atención que el procedimiento.
El paciente necesita indicaciones comprensibles y una ruta de seguimiento. Los equipos necesitan conocer quién asume cada responsabilidad. Estas conexiones deben formar parte del diseño del servicio y de su evaluación.
La prevención también exige colaboración con otros sectores. La formación respiratoria debe reconocer la exposición ambiental y ocupacional, el tabaquismo y las condiciones de vida como parte del contexto del paciente, con responsabilidades acordes con cada profesión.
Crear condiciones para que el conocimiento se utilice
El razonamiento clínico que propone Khusid necesita tiempo, información y participación. Una institución que espera profesionales capaces de evaluar debe organizar cargas de trabajo que permitan hacerlo.
Contabilizar procedimientos ofrece información operativa, pero describe solo una parte del servicio. También importa la oportunidad de atención, la calidad de las entregas, la detección de problemas y el cumplimiento de los planes de seguimiento.
Por ello, las plantillas deberían revisarse según complejidad, distribución de pacientes y tareas efectivas. El bienestar del personal requiere descansos, supervisión, actualización y mecanismos para expresar preocupaciones. Reconocer a un equipo adquiere consistencia cuando estas condiciones se incorporan a la gestión cotidiana.
Incorporar tecnología con criterios de necesidad y utilidad
La conferencia y los artículos de Expansión coinciden en la importancia de preparar al personal para la transformación tecnológica. Su incorporación debe responder a problemas definidos y considerar costos totales, mantenimiento, insumos y formación.
En inteligencia artificial, cualquier propuesta necesita examinar la calidad de los datos, la pertinencia para la población atendida y la responsabilidad sobre las decisiones. Los beneficios deben verificarse en el entorno donde se utilizará.
Una prioridad práctica es aprovechar herramientas que reduzcan tareas repetitivas y faciliten información útil, conservando la evaluación profesional. La inversión debe acompañarse de un plan de implementación y criterios para decidir si conviene ampliarla, modificarla o retirarla.
Pasar de las aspiraciones a una implementación verificable
Se propone comenzar con una colaboración entre instituciones públicas, hospitales privados y centros educativos dispuestos a compartir información y evaluar cambios.
La primera etapa debe establecer una línea de base: personal disponible, formación, recursos, procesos y principales problemas de continuidad. Con ese diagnóstico se seleccionarían prioridades concretas.
La segunda etapa puede concentrarse en pilotos de formación y organización. El reconocimiento temprano del deterioro respiratorio, la comunicación del hallazgo, la respuesta inicial dentro de las competencias y el escalamiento seguro ofrecen un ámbito delimitado. La propuesta EREC 2.0 (Essential Respiratory Emergency Care) podría contribuir como herramienta educativa, sujeta a pilotaje y evaluación.
Cada piloto necesita responsables, recursos, plazo y resultados esperados. Entre los indicadores posibles están la oportunidad de respuesta, las entregas completas, el cumplimiento de evaluaciones de competencia y los incidentes relacionados con dispositivos. Su selección debe considerar viabilidad y utilidad, evitando producir registros que nadie utiliza.
La expansión debe depender de los resultados y de la capacidad de sostener los cambios. La evaluación tendrá que reconocer la complejidad de los pacientes y el desempeño interprofesional, sin atribuir automáticamente los resultados a una sola disciplina.
Una responsabilidad compartida
Las enseñanzas de Félix Khusid ofrecen principios para orientar este proceso. La vocación necesita formación; la formación requiere oportunidades de aplicación; el desempeño profesional depende también de la organización; y el liderazgo debe desarrollar a quienes sostienen el cuidado.
Para México, la prioridad es convertir esos principios en compromisos educativos, laborales e institucionales. Autoridades, escuelas, hospitales y organizaciones profesionales deben acordar qué problema atenderán, quién responderá por cada acción y cómo verificarán sus avances.
El desarrollo de la Terapia Respiratoria encontrará su justificación más sólida en una población con mejor acceso a cuidados competentes, continuos y seguros. Ese debe ser el criterio para decidir qué fortalecer, qué cambiar y dónde comenzar.