Cuando la música debe esperar: escuchar también es cuidar

Tercera parte. Música, atención y seguridad en anestesiología y Medicina Respiratoria


La música me acompaña desde hace muchos años. Estuvo conmigo durante mis años de estudiante, durante la residencia y después en el quirófano. Hoy sigue presente mientras leo, preparo clases o escribo estas páginas. Escucho música de mi tierra, europea, latinoamericana; cambio de épocas, de ritmos y de intérpretes. Me resulta difícil imaginar mi trabajo cotidiano sin esa compañía.

Por eso, esta reflexión nace también de una experiencia personal. En las entregas anteriores recordamos el encuentro con Teresita Laredo en Cochabamba y exploramos cómo el sonido se relaciona con la emoción, la memoria y la respiración. Ahora corresponde detenernos en otra pregunta: ¿qué ocurre cuando aquello que nos hace sentir bien empieza a competir con algo que necesitamos escuchar?

En un hospital, el sonido tiene muchos significados. Puede ser una melodía agradable, pero también la voz de un paciente, una advertencia de enfermería, un cambio en el tono del oxímetro o una solicitud de ayuda. Aprender a distinguirlos y a darles prioridad forma parte de nuestro oficio.

Lo que plantea la revisión de APSF

El 22 de octubre de 2026, Karolina Brook, Danielle Horn, Govind Rangrass y Lauren Lobaugh publican en el APSF Newsletter el artículo Earbuds and Other Personal Auditory Devices in the Operating Room (Auriculares y otros dispositivos de escucha personal en el quirófano). Su atención se centra en los dispositivos personales de audio utilizados por los profesionales de anestesiología, incluidos los auriculares intraauriculares y los dispositivos de conducción ósea.

Los autores reconocen las razones que pueden explicar su uso: aliviar el aburrimiento durante procedimientos prolongados, regular el estado de ánimo, reducir la sensación de estrés o escuchar contenidos educativos. Son motivaciones comprensibles. Sin embargo, esos beneficios percibidos no equivalen a una demostración de mejor desempeño clínico o mayor seguridad.

El artículo también admite una limitación fundamental: faltan estudios directos que permitan cuantificar cómo el uso de estos dispositivos por anestesiólogos modifica los resultados en pacientes. Buena parte de la preocupación procede de investigaciones sobre ruido, distracción, vigilancia y comunicación. Es una base para actuar con prudencia, pero debemos distinguir el riesgo plausible del daño demostrado.

La música del ambiente y el audio privado son situaciones diferentes

La música ambiental puede ser escuchada por todos, discutida y suspendida de manera conjunta. Esto no la vuelve inocua: lo que ayuda a concentrarse a una persona puede resultar molesto o distractor para otra. Sin embargo, el equipo comparte ese entorno y puede reconocer cuándo se vuelve excesivo.

Con los auriculares aparece una dificultad adicional. Los demás desconocen qué escucha su compañero, a qué volumen y cuánto de la conversación está procesando. El profesional permanece físicamente presente, pero una parte de su atención puede estar ocupada por un contenido que el resto del equipo no comparte.

La revisión señala especialmente la oclusión de ambos oídos y la cancelación activa de ruido. También merece cautela la idea de que utilizar un solo auricular o dejar abierto el conducto auditivo mediante conducción ósea resuelve el problema. Esas características pueden modificar cuánto sonido externo llega al oído, pero no certifican que la atención esté disponible. Escuchar un podcast o participar en una reunión exige procesar información, aunque las voces del entorno sigan siendo audibles.

Oír, comprender y responder

La seguridad depende de una secuencia completa: detectar una señal, reconocer su significado y responder oportunamente. Una señal puede llegar al oído sin recibir suficiente atención.

En un estudio experimental con residentes de anestesiología, Stevenson y colaboradores evaluaron la detección de cambios en el tono del oxímetro mientras los participantes realizaban tareas visuales. La carga de atención visual deterioró el desempeño, y el ruido añadió dificultad, con una disminución de hasta el 17% en las condiciones estudiadas. Se afectaron tanto la precisión como la rapidez de respuesta. Fue un estudio de laboratorio, no una medición de daño clínico por auriculares, pero muestra que mirar y escuchar simultáneamente también tiene límites.

Otro trabajo, de Weldon y colaboradores, analizó grabaciones de veinte operaciones y 5.203 intercambios de solicitudes y respuestas. Las solicitudes repetidas fueron cinco veces más probables en los procedimientos con música; cada repetición podía añadir entre cuatro y sesenta y ocho segundos al intercambio y acompañarse de frustración. Por su diseño observacional, el estudio no permite afirmar que cualquier música produzca ese efecto ni que multiplique por cinco los errores. Sí documenta una interferencia relevante en la comunicación.

Para quien realiza una tarea urgente, repetir una instrucción consume tiempo y esfuerzo. Para quien no la entendió, puede generar inseguridad. Cuando esto ocurre varias veces, cambia también el clima del equipo: se elevan las voces, aparece irritación y aumenta la dificultad para trabajar coordinadamente.

La estabilidad no garantiza que el siguiente minuto también lo sea

La anestesia alterna momentos de gran exigencia con periodos de relativa estabilidad. El problema es que una transición hacia la inestabilidad puede comenzar con señales discretas.

El artículo de APSF presenta escenarios ilustrativos de advertencias no procesadas durante el manejo de la vía aérea, reconocimiento tardío de una complicación al despertar, información incompleta durante un traslado y solicitudes de ayuda que no reciben respuesta inmediata. Son ejemplos para analizar fallos de equipo; no deben presentarse como una serie de casos que demuestre una frecuencia de daño por auriculares.

Su enseñanza común es importante: el riesgo puede empezar antes de que aparezca una alarma evidente. También puede manifestarse mientras documentamos, entregamos al paciente o atendemos una comunicación paralela.

Que un profesional se sienta cómodo escuchando música no nos informa, por sí solo, de su capacidad para reconocer una señal inesperada. Y que nunca haya identificado un incidente relacionado tampoco permite saber cuántas advertencias se retrasaron o tuvieron que repetirse.

El silencio de la aviación y el silencio clínico

Mi formación en medicina aeronáutica me hace especialmente cercana la comparación con la cabina estéril. Durante fases críticas del vuelo se restringen las conversaciones y actividades ajenas a la operación. Se protege la comunicación necesaria para volar; una advertencia de seguridad debe seguir escuchándose y expresándose.

En anestesiología, ese principio resulta reconocible durante la inducción y el despertar, pero también durante otras tareas complejas. La declaración de la American Society of Anesthesiologists, revisada en 2025, incluye periodos sin interrupciones durante la pausa de seguridad, la inducción, la emergencia anestésica, determinadas fases quirúrgicas y los recuentos. Asimismo, recomienda ajustar la música considerando a todos los integrantes del equipo.

El silencio clínico debe facilitar que alguien diga: “No estoy seguro”, “Necesito ayuda” o “Algo ha cambiado”. Si pedir silencio inhibe esas voces, hemos perdido su propósito.

Qué recomienda el artículo y qué exige cautela

Los autores proponen discutir el uso de dispositivos personales de manera abierta y establecer políticas institucionales con participación multidisciplinaria. Si se permite algún uso condicionado, sus límites deben ser explícitos y estrechos. También reconocen que una prohibición general puede ser sencilla de comunicar, pero resultar inconsistente o generar usos ocultos si no se acompaña de educación y liderazgo.

Esta discusión requiere separar los auriculares recreativos de los auxiliares auditivos clínicamente necesarios. Un dispositivo utilizado por un profesional con hipoacusia puede mejorar su acceso a la información. Su apariencia no basta para juzgar su función ni para excluirlo de la práctica.

También debemos leer críticamente las referencias. El estudio sobre lectura intraoperatoria citado por APSF observó 172 anestesias y no encontró deterioro en la medida de vigilancia empleada durante los periodos de lectura, que ocurrieron con baja carga de trabajo. No estudió auriculares ni demuestra que toda actividad secundaria sea segura. Su resultado recuerda que los efectos dependen de la tarea, del momento y de cómo se evalúan.

Por otra parte, los umbrales de ruido destinados a prevenir lesión auditiva no son límites de seguridad para comunicarnos. Los 85 decibeles promediados durante ocho horas que utiliza OSHA para activar programas de conservación auditiva responden a un objetivo ocupacional específico. Estar por debajo de esa cifra no garantiza que una advertencia clínica sea inteligible.

De anestesiología a medicina respiratoria

La aplicación que sigue es una propuesta para nuestros equipos, basada en estos principios; no una guía específica para Terapeutas Respiratorios emitida por APSF.

Trabajamos en quirófanos, recuperación, urgencias, unidades de cuidados intensivos y traslados. En todos esos espacios necesitamos integrar información del paciente, de los dispositivos y de otras personas. Nuestro trabajo incluye observar pantallas, pero también reconocer cambios, recibir avisos y comunicar preocupaciones.

En recuperación, por ejemplo, un paciente puede intentar decir que le cuesta respirar. Su voz, su esfuerzo y su comportamiento merecen atención junto con los datos del monitor. En ventilación no invasiva, la comunicación con el paciente es parte de la evaluación de su tolerancia. Durante un traslado, el equipo debe compartir lo que sabe sobre la vía aérea, el soporte respiratorio, el oxígeno disponible y los acontecimientos recientes.

Los sonidos clínicos complementan la valoración y la monitorización; no las sustituyen. Precisamente por ello necesitamos conservar acceso a todas esas fuentes de información.

Momentos que conviene proteger

Propondría acordar periodos sin música ni audio recreativo durante la preparación y el manejo de la vía aérea, la intubación y extubación, el inicio o ajuste importante de soporte ventilatorio, la atención de deterioro agudo, la reanimación y la entrega de pacientes. Durante estas tareas, también deben reducirse las conversaciones ajenas a la atención.

La regla debería poder activarse en cualquier momento. Una frase breve —“Pausa de música, necesito escuchar”— tendría que ser suficiente, sin exigir explicaciones mientras se atiende al paciente.

Esto protege especialmente a quienes tienen menos poder dentro del equipo. Un estudiante, una enfermera o un Terapeuta Respiratorio deben poder pedir esa pausa con la misma legitimidad que el responsable del procedimiento. La preferencia musical de una persona no puede convertirse en una condición de trabajo impuesta a las demás.

En áreas y momentos de menor exigencia, si la institución permite música ambiental, su uso debería depender del acuerdo del equipo, del bienestar del paciente y de que no interfiera con voces, alarmas o tareas. No existe una lista de canciones ni un volumen único que garantice seguridad en todas las salas.

Los auriculares requieren una decisión distinta

Como propuesta prudente para medicina respiratoria, reservaría el audio recreativo personal para descansos y actividades fuera de la responsabilidad asistencial directa, con la cobertura correspondiente. Durante vigilancia, procedimientos, traslados y entregas, mantendría disponible la atención al entorno.

Esta propuesta no equivale a afirmar que se haya demostrado daño con cualquier auricular. Responde a la dificultad de verificar continuamente qué información deja de procesarse y a que las crisis no siempre avisan con anticipación.

Los dispositivos necesarios para accesibilidad o comunicación clínica requieren una evaluación propia: finalidad, funcionamiento, higiene, compatibilidad con el equipo y capacidad para recibir avisos. AORN, en su posición de 2025, limita el uso de dispositivos electrónicos personales a actividades relacionadas con la atención directa o con recursos pertinentes al procedimiento.

El paciente necesita saber que estamos disponibles

Desde la cama, la experiencia puede ser distinta de la que percibimos como profesionales. Un paciente despierto puede preguntarse si lo estamos escuchando o si interrumpe al pedir ayuda. Cuando hablar cuesta, tener que repetir una frase puede ser particularmente angustiante.

La música ofrecida al paciente con un propósito de bienestar requiere su preferencia, posibilidad de suspenderla y conservación de la comunicación necesaria. Es una situación diferente del audio privado que utiliza quien debe vigilarlo. Tampoco debemos llamar musicoterapia a cualquier música que se reproduce durante la atención.

Lo mismo sucede entre compañeros. La presencia de auriculares puede hacer que alguien dude antes de acercarse, aunque el usuario asegure escuchar perfectamente. Esa percepción importa porque el trabajo seguro depende de que las preocupaciones se expresen a tiempo.

Confirmar el mensaje y cuidar el ambiente

La comunicación de circuito cerrado ayuda a evitar que una instrucción se pierda: una persona dirige el mensaje, otra confirma lo entendido y la primera verifica que sea correcto. Este mecanismo, incluido en TeamSTEPPS, Estrategias y herramientas de equipo para mejorar el desempeño y la seguridad del paciente. Un ejemplo en cuidado respiratorio: Durante una emergencia, la comunicación en circuito cerrado podría ser:

— Anestesiólogo: «María, prepara el equipo de ventilación».

— Terapeuta respiratoria: «Preparo el equipo de ventilación».

— Anestesiólogo: «Correcto».

— Terapeuta respiratoria: «Equipo preparado y verificado».

Resulta especialmente útil para información crítica.

En nuestra práctica, decir “ya quedó” puede ser insuficiente después de modificar un dispositivo. Es preferible confirmar qué se hizo y qué se está observando. Una respuesta con la cabeza tampoco asegura que una advertencia haya sido comprendida.

Pero la responsabilidad no recae solamente en quien escucha. Hay que revisar alarmas innecesarias, equipos ruidosos, conversaciones superpuestas, mantenimiento y condiciones de trabajo. Aumentar indefinidamente el volumen de las alarmas para competir con otros sonidos no resuelve el problema. Los protocolos deben conservar avisos clínicamente pertinentes y evitar su desactivación indiscriminada.

La fatiga y la sobrecarga tampoco se corrigen con una lista de reproducción. Requieren descansos, cobertura y organización. Pedir atención constante mientras se multiplican las tareas simultáneas exige revisar el sistema, además de la conducta individual.

En nuestro contexto mexicano, añadiría a la evaluación la posibilidad de escuchar avisos institucionales y alertas de protección civil, incluida la alerta sísmica donde exista. Esta es una consideración operativa local, no un resultado estudiado por el artículo de APSF. Los simulacros permiten comprobar si esos mensajes llegan a todos en las condiciones reales del servicio.

Seguir disfrutando la música, saber cuándo detenerla

Después de estas tres entregas, sigo reconociéndome en quien disfruta trabajar acompañado de música. También comprendo que esa preferencia necesita ajustarse cuando otras personas dependen de mi atención.

El encuentro con Teresita nos llevó a pensar en la sensibilidad de escuchar. La ciencia nos mostró algunas de las respuestas que el sonido despierta. La seguridad clínica nos pide completar ese aprendizaje con una decisión compartida: reconocer cuándo la música puede acompañarnos y cuándo conviene hacer una pausa.

Podemos observar si disminuyen las solicitudes repetidas, si las entregas se realizan sin interrupciones y si cualquiera se siente autorizado a pedir silencio. Podemos ensayar esas conductas en simulación y revisarlas sin humillar a nadie, manteniendo la responsabilidad que corresponde a cada integrante.

La música seguirá teniendo un lugar en nuestra vida. Durante el cuidado, ese lugar debe permitir que la voz del paciente y la de nuestros compañeros lleguen a nosotros.

A veces, la mejor manera de honrar lo que hemos aprendido sobre escuchar será detener una canción para oír a quien nos necesita.

Referencias principales para acompañar la publicación

1. Brook K, Horn D, Rangrass G, Lobaugh L. Earbuds and other personal auditory devices in the operating room. APSF Newsletter. 2026;41: e2026N024. doi:10.66881/apsf.2026N024.

2. Stevenson RA, Schlesinger JJ, Wallace MT. Effects of divided attention and operating room noise on perception of pulse oximeter pitch changes: a laboratory study. Anesthesiology. 2013;118(2):376–381. doi:10.1097/ALN.0b013e31827d417b.

3. Weldon SM, Korkiakangas T, Bezemer J, Kneebone R. Music and communication in the operating theatre. J Adv Nurs. 2015;71(12):2763–2774. doi:10.1111/jan.12744.

4. Slagle JM, Weinger MB. Effects of intraoperative reading on vigilance and workload during anesthesia care in an academic medical center. Anesthesiology. 2009;110(2):275–283. doi:10.1097/ALN.0b013e318194b1fc.

5. American Society of Anesthesiologists. Statement on Distractions. Revisión de 2025.

6. AORN. Position Statement on Managing Disruptions, Distractions, and Noise During Perioperative Patient Care. 2025.

7. Agency for Healthcare Research and Quality. TeamSTEPPS: Closed-Loop Communication.

La imagen reúne ambos escenarios: música en violeta, alarmas en ámbar y voces en blanco. Su superposición representa la posible interferencia, con un mensaje central: la voz del paciente y del equipo debe llegar a tiempo.