Cuando un aroma abre la memoria

En la segunda parte de esta historia, Nicté vivía una experiencia desconcertante. Al entrar en un pequeño restaurante mexicano de Milán y comenzar a oler y saborear ciertos alimentos, aparecían en su mente escenas que no reconocía como recuerdos propios: agua transparente, selva, senderos, casas humildes y una mujer cuya presencia le producía confianza. No sabía quién era aquella mujer, pero algo dentro de ella parecía reconocerla.
La explicación más plausible no está en una vida anterior ni en una memoria ancestral transmitida como una película intacta. Está en un fenómeno mucho más humano: la capacidad del olfato para conservar fragmentos muy tempranos de nuestra biografía y volver a activarlos muchos años después.
Un estudio publicado en PLOS Biology en 2026 analizó cómo se forman y persisten las memorias olfativas de la infancia. Los autores partieron de una observación conocida: los recuerdos provocados por olores suelen pertenecer a etapas más tempranas de la vida que los despertados por imágenes o palabras y, además, suelen tener una carga emocional particularmente intensa.
Recordar antes de saber contar
Durante los primeros años, el cerebro registra experiencias, aunque el niño todavía no tenga lenguaje suficiente para narrarlas. Puede conservar sensaciones, emociones, voces, texturas y olores sin organizarlos como una historia consciente.
Nicté había dejado la selva con apenas tres o cuatro años. Después creció en Italia, aprendió otros idiomas y construyó una nueva identidad. Era posible que ya no recordara deliberadamente la choza, la laguna o el fogón. Sin embargo, durante sus primeros años había estado expuesta repetidamente al humo de la leña, el maíz, la carne, las hierbas, la tierra húmeda, el agua de la laguna y el olor corporal de María.
Esos estímulos no ocurrieron una sola vez. Formaban parte de su vida diaria y estaban unidos a experiencias fundamentales: alimento, juego, protección y cercanía materna.
El estudio incluyó una encuesta a 647 personas. La mayoría describió recuerdos olfativos asociados con experiencias positivas y repetidas; más de 70% señaló que el contexto relacionado con su primer recuerdo olfativo había ocurrido más de cinco veces.
Esto ayuda a explicar a Nicté. No era necesario que recordara una comida concreta. El cerebro pudo haber aprendido una combinación completa de olores y emociones: comida, calor, selva, madre, seguridad.
Muchos años después, una mezcla suficientemente parecida de tortilla, carne, cebolla, hierbas, humo y grasa caliente pudo reactivar aquella red.
¿Por qué el olor tiene tanta fuerza?
El sistema olfatorio está estrechamente conectado con regiones relacionadas con la emoción, la memoria y la recompensa. Por eso, un olor puede desencadenar primero una sensación y sólo después una explicación racional.
En el modelo experimental, ratones jóvenes fueron expuestos varias veces a un olor agradable dentro de un ambiente enriquecido, asociado con exploración y estados positivos. Cuando llegaron a la edad adulta, mostraron preferencia por ese olor infantil. Los investigadores identificaron la participación de células granulares formadas en etapas muy tempranas de la vida dentro del bulbo olfatorio; al inhibirlas, disminuyó la recuperación de esa preferencia.
Esto no significa que una neurona almacene una escena completa. La memoria se conserva en redes distribuidas. El artículo mostró, además, mayor conectividad funcional entre sistemas relacionados con memoria y recompensa cuando reaparecía el olor de la infancia. Esa integración ayuda a entender por qué los recuerdos olfativos pueden sentirse tan vivos, emocionales y difíciles de ignorar.
Nicté no sólo veía agua o árboles. Sentía tranquilidad, atracción y deseo de permanecer en aquel estado. Esa intensidad es compatible con la activación de circuitos emocionales antiguos.
El sabor también es olor
Aunque la escena ocurre al comer, gran parte de lo que llamamos sabor depende del olfato. Al masticar, las moléculas aromáticas ascienden desde la boca hacia la cavidad nasal; este proceso se conoce como olfacción retronasal.
Por eso, el fenómeno podía comenzar antes de que Nicté tragara el alimento. Bastaba con acercarlo, olerlo o dar los primeros bocados para que su cerebro reconociera patrones familiares.
No era necesario que los tacos fueran idénticos a lo que había comido en Chiapas. El cerebro no trabaja como una fotografía exacta. Puede responder a fragmentos suficientemente parecidos y completar lo demás mediante asociaciones.
Recordar sin reconocer
Uno de los detalles más importantes era la figura femenina que aparecía en sus visiones. Nicté sentía confianza, pero no podía verle claramente el rostro.
Esto también es plausible. Las memorias tempranas pueden preservar afectos y sensaciones sin conservar todos los detalles. Tal vez no recordaba el rostro de María, pero sí la seguridad ligada a su presencia.
La madre regresaba entonces como una sensación antes que como una persona.
Nicté podía reconocer emocionalmente aquello que no podía identificar intelectualmente.
Las pirámides, los guerreros y la princesa pertenecen a otro plano. El estudio no demuestra memorias heredadas, vidas anteriores ni visiones históricas. Esos elementos pueden entenderse como una reconstrucción del cerebro adulto, que mezclaba fragmentos reales de la infancia con conocimientos posteriores sobre la cultura maya, imágenes aprendidas, sueños y necesidad de encontrar un origen.
La memoria rara vez regresa intacta. Reconstruye.
Y cuando falta información, la imaginación completa los espacios vacíos.
Volver al olor para volver a la memoria
El artículo encontró que estas memorias pueden debilitarse si el olor no reaparece, pero las reexposiciones periódicas ayudan a mantenerlas. En la encuesta humana, 82% de los participantes había vuelto a encontrar a lo largo de su vida el olor asociado a su infancia. En los animales, la reexposición sostuvo la respuesta y reorganizó la conectividad hacia redes olfativo-límbicas.
Esto explicaría por qué Nicté regresaba al restaurante. Al principio sintió miedo; después, curiosidad y bienestar. Cada visita podía reforzar aquella conexión entre la joven italiana y la niña de la selva.
Sin saberlo, volvía para encontrarse.
Una posible lectura desde la medicina respiratoria
Aunque el estudio es neurobiológico, deja enseñanzas útiles para anestesiología, rehabilitación y educación clínica.
En anestesia pediátrica, la mascarilla, el ambiente del quirófano y el olor de los agentes inhalados pueden quedar vinculados con emociones intensas. El artículo no demuestra que una inducción traumática determine respuestas futuras, pero refuerza la necesidad de cuidar el contexto: explicaciones sencillas, acompañamiento, juego y reducción del miedo.
En simulación clínica, los olores pueden utilizarse con prudencia para representar humo, sustancias químicas o secreciones. Sin embargo, todavía no puede afirmarse que por sí solos mejoren el aprendizaje. Deben formar parte de experiencias multisensoriales bien diseñadas, seguras y acompañadas de repetición y retroalimentación.
En rehabilitación respiratoria, los aromas familiares podrían disminuir ansiedad en algunas personas, pero no deben aplicarse indiscriminadamente. Perfumes y aceites esenciales pueden desencadenar síntomas en pacientes con asma, migraña o sensibilidad química. El principio más seguro es evitar olores hospitalarios desagradables, mantener buena ventilación y personalizar cualquier estímulo.
Respirar no es solamente mover aire. Cada inspiración también puede transportar señales capaces de asociarse con seguridad, miedo, afecto y pertenencia.
En Nicté, un aroma no curó una enfermedad ni reveló mágicamente una historia perdida. Hizo algo más simple y profundo: despertó una parte de su identidad que había permanecido sin palabras.
Tal vez Nicté no estaba viendo otra vida… Tal vez estaba intentando recuperar la primera.
La ciencia puede describir cómo se abrió aquella puerta… La tradición y la fantasía nos permiten imaginar lo que ella encontró al otro lado.
Referencia
Dejou J, et.al. Positive early-life olfactory memory is rooted in the olfactory bulb and triggers large-scale changes beyond the olfactory system. PLOS Biology | July 14, 2026 (Los recuerdos olfativos positivos adquiridos en la primera infancia tienen su origen en el bulbo olfatorio y desencadenan cambios a gran escala que van más allá del sistema olfativo.)