Oxigenoterapia segura: el tratamiento que todos creen dominar


El oxígeno es uno de los tratamientos más utilizados en hospitales, ambulancias, urgencias, quirófanos, unidades de cuidados intensivos y servicios de hospitalización. Su disponibilidad cotidiana ha creado una falsa sensación de simplicidad: se indica rápido, se instala rápido, se aumenta con facilidad y muchas veces se mantiene durante horas o días sin una meta clara. Sin embargo, la evidencia actual insiste en un punto que debería modificar nuestra práctica: el oxígeno no es inocuo y debe manejarse como un medicamento.

La revisión de alcance de Macedo y colaboradores, publicada en Respiratory Care en Agosto 2026, aborda una pregunta básica pero incómoda: ¿qué tanto conocen los profesionales de salud sobre la administración segura de oxígeno en el hospital? La revisión siguió metodología JBI y PRISMA-ScR, identificó 904 referencias e incluyó 25 publicaciones finales. La mayoría de los estudios evaluó conocimiento mediante cuestionarios, y las poblaciones incluyeron principalmente enfermeras, médicos y fisioterapeutas.

El hallazgo central no es que falte conocimiento sobre un dispositivo específico. El problema es más amplio: existen vacíos en metas de oxigenación, monitorización, indicaciones, contraindicaciones, prevención de hiperoxia, prescripción, administración, suspensión, protocolos y capacitación. En la sección de resultados, los autores reportan brechas relacionadas con metas de oxigenación en 96% de las publicaciones, monitorización en 68%, indicaciones o contraindicaciones en 52%, prevención de hiperoxia en 36% y prescripción, administración o suspensión en 36%.

Estas cifras obligan a mirar la práctica diaria con honestidad. En muchos entornos clínicos el oxígeno continúa siendo administrado como una respuesta automática ante disnea, ansiedad, dolor torácico, posoperatorio, traslado o gravedad aparente, aun cuando no siempre existe hipoxemia documentada. Después de instalado, con frecuencia permanece sin una saturación objetivo, sin reevaluación formal, sin ajuste del flujo y sin una indicación clara de retiro.

La propia revisión recuerda que el oxígeno está incluido en la lista de medicamentos esenciales de la OMS y que su manejo adecuado es parte de la seguridad del paciente. También señala que la administración incorrecta puede ser dañina y tener consecuencias serias.

El daño no se limita a “dar poco oxígeno”. La hipoxemia mata, pero la hiperoxia también puede causar daño. El uso excesivo se ha asociado con atelectasia por absorción, alteración del aclaramiento mucociliar, vasoconstricción, estrés oxidativo y efectos adversos en distintos órganos. El artículo enfatiza que históricamente se asumió que el oxígeno liberal era inofensivo, pero la evidencia actual ya no permite sostener esa idea.

La situación es especialmente delicada en pacientes con EPOC, obesidad-hipoventilación, riesgo de retención de CO₂, enfermedad neuromuscular, insuficiencia respiratoria crónica, cardiopatía isquémica o pacientes críticos. Una SpO₂ “adecuada” no siempre significa una terapia correcta. En algunos pacientes, aumentar el oxígeno sin evaluar ventilación, CO₂, estado mental, patrón respiratorio y evolución clínica puede enmascarar deterioro o agravar hipercapnia.

El artículo también expone una falla de sistema. No basta con que el médico indique oxígeno, que enfermería lo coloque, que el terapeuta respiratorio lo ajuste o que el paramédico lo administre durante un traslado. Si no existe una meta compartida, cada profesional actúa desde su interpretación. Algunos consideran el oxígeno un medicamento que requiere prescripción; otros lo perciben como una medida sin restricciones comparables a otros tratamientos. Esta diferencia de cultura clínica favorece omisiones, duplicidad, falta de documentación y continuidad insegura.

La revisión describe que, aun cuando existe una prescripción, esta no siempre se sigue al lado de la cama. También documenta que la administración suele realizarse sin criterios individualizados, y que muchas instituciones carecen de protocolos visibles o capacitación suficiente. Solo nueve estudios informaron capacitación previa y 76% no documentó si el hospital contaba con protocolo de oxigenoterapia.

Para México, este mensaje es particularmente oportuno. Vamos avanzado en protocolos institucionales y en el desarrollo del primer Estándar de Competencia en Oxigenoterapia. Ese esfuerzo no debe verse como un requisito administrativo, sino como una respuesta a un riesgo clínico real. La oxigenoterapia segura exige competencia, no costumbre.

Un ciclo seguro de oxígeno debería incluir siempre seis pasos: indicación correcta, meta individualizada de SpO₂, selección adecuada del dispositivo, administración técnica correcta, monitorización clínica e instrumental, y reevaluación con ajuste, escalamiento, destete o suspensión. Este mismo ciclo coincide con los dominios que el artículo permite justificar para programas de formación y evaluación práctica.

La capacitación tampoco debe limitarse a una clase teórica. Saber contestar una pregunta sobre saturación objetivo no garantiza competencia clínica. El profesional debe demostrar que puede leer correctamente un flujómetro, identificar un dispositivo mal colocado, interpretar una señal de oximetría deficiente, reconocer hipoventilación, ajustar el flujo, detectar fracaso, escalar soporte y documentar la respuesta. La distancia entre conocimiento y desempeño clínico es una de las mayores deudas en oxigenoterapia.

El llamado es para todos: médicos, enfermeras, terapeutas respiratorios, fisioterapeutas, técnicos, paramédicos y personal en formación. El oxígeno debe prescribirse con la misma seriedad con que se prescribe un fármaco: indicación, dosis o flujo, dispositivo, meta, vigilancia, duración y criterios de suspensión.

La prescripción segura de oxígeno debe incluir indicación clínica, dispositivo, flujo o FiO₂ estimada, meta de saturación, parámetros de vigilancia, criterios de ajuste, escalamiento y retiro. Su administración no debe quedar reducida a una cantidad de litros por minuto, porque el flujo aislado no define la calidad ni la seguridad de la intervención.

La oxigenoterapia segura no depende únicamente de disponer de tanques, tomas de pared, concentradores, flujómetros o dispositivos. Depende de una cultura clínica que reconozca al oxígeno como un medicamento esencial, con beneficios claros cuando está bien indicado y riesgos reales cuando se administra sin objetivo, sin vigilancia y sin responsabilidad compartida.

En México, el desarrollo de protocolos institucionales y del Estándar de Competencia en Oxigenoterapia representa una oportunidad para corregir una práctica históricamente subestimada. El reto no es enseñar a “poner oxígeno”, sino formar profesionales capaces de indicarlo, administrarlo, monitorizarlo, ajustarlo, escalarlo, retirarlo y documentarlo con seguridad.

Macedo JB, Veríssimo MPA, Maia FOM, Galhardo FDM, Toro IFC, Gasparino RC. Health Practitioners’ Knowledge of Safe Oxygen Therapy: A Scoping Review. Respiratory Care. 2026;71(8):Aug. doi:10.1177/19433654261419741.