
El cambio climático ha desplazado parte de la carga respiratoria hacia escenarios cotidianos que antes se consideraban externos a la consulta: vivienda, temperatura ambiental, acceso a refrigeración, calidad del aire y vulnerabilidad social. En asma, esta relación cobra importancia porque las exacerbaciones no dependen solo de alérgenos, infecciones o contaminación; también pueden asociarse con exposición térmica sostenida, particularmente durante la noche.
Un estudio reciente de Corpuz y colaboradores, publicado en GeoHealth, evaluó la asociación entre diferentes definiciones de ola de calor y visitas a urgencias por asma en Baltimore entre 2016 y 2022. El análisis incluyó 819 casos adultos y 695 pediátricos, utilizando registros clínicos geocodificados, datos de temperatura ambiental de alta resolución y un diseño caso-cruzado con regresión logística condicional. El objetivo fue explorar qué tipo de exposición térmica se relacionaba mejor con exacerbaciones asmáticas que requerían atención urgente.
El hallazgo más relevante fue que las definiciones de ola de calor basadas en temperatura mínima nocturna mostraron una asociación más consistente con visitas a urgencias por asma que muchas definiciones centradas en calor diurno. Esto sugiere que el riesgo respiratorio no se limita al periodo de mayor temperatura durante el día. La incapacidad de recuperar confort térmico durante la noche puede afectar sueño, ventilación, inflamación de vía aérea, exposición intradomiciliaria y capacidad fisiológica de recuperación.
Desde la práctica clínica, este hallazgo modifica la entrevista respiratoria. En pacientes con asma mal controlada, exacerbaciones estivales o visitas recurrentes a urgencias, no basta preguntar si “se expone al calor” durante el día. Debe explorarse el ambiente nocturno: temperatura del dormitorio, ventilación, hacinamiento, humedad, presencia de aire acondicionado, posibilidad real de usarlo, costos de electricidad, seguridad para abrir ventanas y calidad del aire interior.
La dimensión social es central. El estudio señala que los pacientes residentes en zonas con mayor vulnerabilidad social y privación territorial presentaron un riesgo desproporcionado durante episodios de calor nocturno. La isla de calor urbana, la vivienda mal ventilada, la falta de refrigeración y la exposición simultánea a contaminación ambiental pueden convertir la noche en un periodo de estrés respiratorio acumulado.
Para Medicina Respiratoria, la aplicación es directa. En temporada de calor, la revisión del paciente asmático debería incluir una pregunta específica: ¿cómo está la temperatura de su habitación después de las 10 de la noche? También conviene identificar pacientes de alto riesgo, reforzar planes de acción para asma, revisar técnica inhalatoria, asegurar disponibilidad de medicación de rescate y, cuando sea posible, orientar hacia recursos comunitarios de enfriamiento.
Este estudio no convierte al calor nocturno en la única causa de exacerbación asmática, pero sí lo posiciona como un factor clínico relevante y medible. En contextos latinoamericanos, donde muchas viviendas combinan calor, humedad, contaminación, hacinamiento y baja capacidad de enfriamiento, su importancia puede ser aún mayor.
La salud respiratoria moderna debe mirar más allá del broncodilatador. También debe preguntar dónde duerme el paciente, cómo respira durante la noche y qué tan seguro es su ambiente térmico.
Bibliografía
Corpuz B, Scott E, Zaitchik BF, et al. Impact of Extreme Heat on Emergency Department Admissions for Childhood and Adult Asthma: An Evaluation of Earth Observations and Heat Wave Definitions. GeoHealth. 2026;10: e2025GH001501. doi:10.1029/2025GH001501.
Hornick I. Extreme heat linked to asthma-related ED visits in adult, pediatric populations. Healio. 11 May 2026.