Su nombre es Phyllotis vaccarum…. 2ª PARTE


Un ejemplar fue capturado vivo a 6,739 metros sobre el nivel del mar, en la cumbre del volcán Llullaillaco, en la frontera entre Chile y Argentina. Es el registro de mayor elevación documentado para un mamífero silvestre.

Mitkey fue imaginado para sobrevivir fuera de la Tierra. Phyllotis vaccarum, sin abandonar nuestro planeta, ascendió hasta un ambiente tan extremo que parece pertenecer a otro mundo.

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Respirar donde casi no parece posible

La dificultad de vivir en altura no se debe a que disminuya la proporción de oxígeno en el aire. Ésta permanece cercana al 21%. Lo que desciende es la presión barométrica y, con ella, la presión parcial inspirada de oxígeno.

Cada respiración introduce menos moléculas de oxígeno en los pulmones. Disminuye la presión alveolar, se reduce el gradiente de difusión hacia la sangre y se compromete la disponibilidad de oxígeno para los tejidos.

En la cima del Llullaillaco, la presión atmosférica es inferior a la mitad de la existente al nivel del mar. El animal debe mantener ventilación, circulación, metabolismo y temperatura corporal con una disponibilidad efectiva de oxígeno cercana al 44%.

A ello se suman temperaturas bajo cero, baja humedad, viento intenso, radiación ultravioleta elevada y vegetación extremadamente escasa.

Para un roedor pequeño, el frío representa un problema especialmente grave. Su elevada relación entre superficie corporal y masa facilita la pérdida de calor. Para conservar su temperatura necesita elevar el metabolismo y consumir más oxígeno, precisamente cuando el ambiente ofrece menos.

Ésta es la gran contradicción fisiológica de la altura extrema:

El frío exige producir más energía, mientras la hipoxia limita el oxígeno necesario para generarla.

Mitkey recibió un organismo mejorado por una civilización imaginaria. El ratón andino debió construir su supervivencia utilizando únicamente los recursos de la evolución.

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Cómo responde un mamífero a la altura

Ante la hipoxia aguda, los cuerpos carotídeos estimulan la ventilación. La hiperventilación aumenta parcialmente el oxígeno alveolar, pero elimina CO₂ y produce alcalosis respiratoria. Con el tiempo, el riñón excreta bicarbonato y permite sostener una ventilación mayor.

También aumentan inicialmente la frecuencia cardiaca, el gasto cardiaco y la actividad simpática. La eritropoyetina renal estimula la producción de glóbulos rojos y puede elevar la concentración de hemoglobina.

Sin embargo, aumentar excesivamente la hemoglobina no siempre es beneficioso. La eritrocitosis incrementa la viscosidad de la sangre y puede dificultar la circulación. La adaptación verdadera no consiste simplemente en transportar más oxígeno, sino en optimizar toda su trayectoria:

• ingreso al pulmón;

• difusión hacia la sangre;

• transporte por la hemoglobina;

• distribución circulatoria;

• perfusión de los tejidos;

• llegada a las mitocondrias;

• producción de energía.

En algunos mamíferos de altura se han encontrado pulmones relativamente grandes, mayor superficie alveolar, capilarización más intensa o hemoglobinas con mayor afinidad por el oxígeno. Pero la evolución no utiliza una única fórmula. Cada especie puede resolver el mismo problema mediante combinaciones diferentes.

En Phyllotis vaccarum, la solución parece encontrarse principalmente en el músculo y en el metabolismo.

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El mamífero que vive más alto

El ejemplar capturado en el Llullaillaco fue inicialmente incluido dentro del complejo denominado Phyllotis xanthopygus. Los análisis taxonómicos y genómicos posteriores permitieron identificarlo como Phyllotis vaccarum.

El hallazgo no parece corresponder a un ratón perdido que subió accidentalmente a la cima. En otros volcanes de la Puna de Atacama se encontraron ratones momificados entre los 6,000 y los 6,200 metros. Había machos y hembras, y algunos estaban emparentados entre sí.

Estos datos sugieren que existen poblaciones capaces de vivir y reproducirse a esas alturas.

La especie posee, además, uno de los rangos altitudinales más amplios conocidos entre los mamíferos. Algunas poblaciones habitan regiones próximas a la costa desértica de Chile, mientras otras sobreviven por encima de los 6,700 metros.

Esto convierte a P. vaccarum en un experimento natural excepcional: permite comparar animales de la misma especie sometidos a ambientes radicalmente distintos.

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Producir calor cuando falta oxígeno

Una investigación publicada en 2026 estudió 167 ejemplares procedentes de diferentes elevaciones. Los animales fueron expuestos a condiciones controladas de frío e hipoxia.

Los ratones de gran altura conservaron mejor su temperatura corporal y mostraron una capacidad superior para producir calor.

La principal diferencia apareció en el músculo esquelético. Sus mitocondrias —las estructuras celulares encargadas de generar energía— podían mantener una elevada capacidad respiratoria incluso cuando el oxígeno era escaso. El músculo utilizado durante el escalofrío lograba producir ATP y calor con mayor eficacia que el de las poblaciones de menor altitud.

También se observó una actividad importante del tejido adiposo pardo, especializado en termogénesis.

Este hallazgo rompe con una idea simplificada: el ratón no parece haber sobrevivido principalmente porque su sangre transporte mucho más oxígeno. Su ventaja reside en que sus tejidos aprovechan mejor el oxígeno disponible y mantienen la producción de calor.

No se encontró una modificación evidente de la hemoglobina capaz de explicar por sí sola su tolerancia extrema. La adaptación se concentró más claramente en:

• función mitocondrial;

• metabolismo muscular;

• termogénesis;

• utilización de lípidos.

Los animales utilizaron predominantemente grasas como combustible. Aunque los carbohidratos producen más energía por unidad de oxígeno, los lípidos proporcionan una reserva energética abundante y duradera, indispensable en un ambiente donde el alimento es escaso e impredecible.

La evolución no seleccionó solamente la máxima eficiencia inmediata. Seleccionó la capacidad de resistir durante mucho tiempo.

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Corazón y circulación pulmonar

La hipoxia alveolar produce vasoconstricción pulmonar. En animales no adaptados, si esta respuesta se mantiene, puede causar hipertensión pulmonar, remodelado vascular y sobrecarga del ventrículo derecho.

Los estudios recientes en ratones del género Phyllotis sugieren que el corazón aumenta de tamaño con la altura, pero no siempre desarrolla una hipertrofia desproporcionada del ventrículo derecho. Esto podría indicar cierta protección frente a la hipertensión pulmonar hipóxica.

No todas las poblaciones responden de manera idéntica. Los animales capturados en distintos volcanes muestran variaciones cardiacas y moleculares, lo que sugiere que la adaptación es un mosaico de soluciones locales.

Este hallazgo interesa especialmente a la Medicina Respiratoria. Comprender cómo un mamífero puede tolerar hipoxia crónica sin desarrollar una sobrecarga grave del ventrículo derecho podría aportar información relevante para estudiar hipertensión pulmonar, enfermedad respiratoria crónica y disfunción cardiopulmonar.

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Alimentarse en el límite de la vida

La supervivencia del ratón no depende únicamente del oxígeno. También necesita encontrar alimento en lugares donde casi no existe vegetación visible.

Los análisis del contenido gastrointestinal del ejemplar capturado a 6,739 metros identificaron restos de plantas y líquenes. No se encontró evidencia de consumo de animales en ese individuo, aunque poblaciones de menor altura sí parecen incorporar ocasionalmente presas pequeñas.

El análisis genómico también identificó señales de selección en vías relacionadas con la biotransformación de sustancias vegetales potencialmente tóxicas.

Esto sugiere que P. vaccarum no sólo evolucionó para respirar y conservar calor. También pudo desarrollar mecanismos para aprovechar recursos alimentarios que otros mamíferos no tolerarían.

Aún no se sabe con precisión dónde encuentra alimento en las cumbres. Algunas plantas podrían crecer en microambientes protegidos entre rocas; otras quizá son transportadas por el viento o proceden de zonas inferiores.

Como ocurre con Mitkey al regresar de Prxl, cada respuesta abre nuevas preguntas.

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Lo que todavía ignoramos

El ratón suele presentarse como un prodigio respiratorio, pero todavía no se han demostrado en él adaptaciones anatómicas pulmonares específicas, como mayor volumen pulmonar, incremento de superficie alveolar o reducción de la distancia de difusión.

La evidencia más sólida se concentra en:

• termogénesis durante frío e hipoxia;

• capacidad mitocondrial muscular;

• utilización de grasas;

• mantenimiento de la temperatura;

• adaptación cardiovascular;

• selección genética relacionada con hipoxia y metabolismo.

Falta estudiar directamente su estructura pulmonar, capacidad de difusión, respuesta ventilatoria hipóxica, sensibilidad carotídea, microcirculación y regulación vascular pulmonar.

La prudencia es importante: no debemos atribuirle mecanismos que todavía no han sido demostrados.

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Qué puede enseñarnos

Phyllotis vaccarum muestra que la tolerancia a la hipoxia no depende únicamente de aumentar la hemoglobina. Puede construirse mediante una mejor utilización celular del oxígeno, protección cardiovascular y adaptación del metabolismo.

Su estudio podría orientar investigaciones sobre:

• función mitocondrial durante hipoxia;

• protección del ventrículo derecho;

• hipertensión pulmonar;

• regulación de la vasoconstricción hipóxica;

• metabolismo energético en enfermedad crítica;

• adaptación al frío y a la escasez de oxígeno.

No significa que sus genes puedan convertirse inmediatamente en tratamientos. Su valor consiste en revelar soluciones biológicas que la fisiología humana quizá no utiliza o utiliza de manera insuficiente.

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El verdadero ratón estelar

Fredric Brown imaginó a un ratón que regresaba del espacio dotado de inteligencia y lenguaje. Mitkey obtuvo en pocos días lo que la naturaleza tarda generaciones en construir.

Phyllotis vaccarum no habla, no pilota naves y no propone una civilización de ratones. Su extraordinaria capacidad es más discreta: puede respirar, producir calor, encontrar alimento y reproducirse en un lugar donde ningún otro mamífero conocido vive de manera natural.

Uno fue transformado por la imaginación.

El otro, por la selección natural.

Mitkey salió de la Tierra para convertirse en el ratón estelar. Phyllotis vaccarum permaneció en ella, pero ascendió hasta una región que se parece al espacio: fría, seca, hostil y con menos de la mitad del oxígeno disponible al nivel del mar.

Quizá por eso la historia real resulta tan poderosa como la ficción.

El verdadero ratón estelar no necesitó abandonar nuestro planeta. Le bastó con ascender hasta sus cumbres y aprender, generación tras generación, a vivir en los límites de la fisiología mamífera.