¿Qué debe hacer el equipo de Medicina Respiratoria ante un teoking at History, Planning for the Future: “An Unexpected Emergency”. Una mirada a la historia, una planificación para el futuro: “Una emergencia inesperada” Anesthesia & Analgesia. August 2026;143(2):438–439.
Referencia del relato: Guillermo Lema
Cuando la tierra tiembla y el soporte vital se detiene: una historia real y un llamado a la Medicina Respiratoria

Cuando la tierra tiembla y el soporte vital se detiene: una historia real y un llamado a la Medicina Respiratoria Parte 1
El domingo 3 de marzo de 1985, a las 18:30 horas, el Dr. Guillermo Lema recibió en el Hospital de la Pontificia Universidad Católica de Chile a un paciente con rotura de un aneurisma de la aorta ascendente.
Después de los estudios iniciales, el paciente fue trasladado al quirófano. La anestesia y la cirugía comenzaron a las 19:30. Durante los siguientes 30 minutos se estableció la circulación extracorpórea, se inició el enfriamiento hasta alcanzar 17 °C y se produjo el paro cardiaco necesario para realizar el procedimiento.
A las 19:47, un terremoto de magnitud 8 sacudió Santiago y otras ciudades de Chile. Dos minutos después se produjo una nueva sacudida.
El Dr. Lema recuerda que el quirófano se desplazaba violentamente hacia adelante, hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo. La máquina de anestesia, el equipo de circulación extracorpórea y los demás dispositivos se movían en distintas direcciones. Para permanecer de pie y evitar que el equipo continuara desplazándose, tuvo que sujetarse de él.
El paciente estaba con el tórax abierto, profundamente hipotérmico, con el corazón detenido y completamente dependiente de la circulación extracorpórea. Ya no existía la posibilidad de interrumpir la operación y regresar a una condición previa.
Entonces falló la electricidad. Los equipos auxiliares se habían desprendido de sus soportes de concreto. La bomba de rodillos de la circulación extracorpórea tuvo que mantenerse funcionando manualmente, mientras ingresaba más personal al quirófano para ayudar.
Durante 45 minutos intentaron sostener la perfusión. Sin embargo, probablemente había sido inadecuada. Además, se les informó que el suministro eléctrico tardaría al menos 24 horas en restablecerse y que tampoco dispondrían de agua.
El anestesiólogo y el cirujano comprendieron que ya no existía una posibilidad real de salvar al paciente. Hablaron con la familia y explicaron con absoluta claridad lo que estaba ocurriendo. Los familiares comprendieron la situación. El procedimiento fue suspendido y el paciente fue declarado muerto.
A pesar de la magnitud del terremoto, ningún otro paciente ni trabajador del hospital falleció.
Cuarenta años después, el Dr. Lema reconoce que aquel momento permanece intacto en su memoria. Su conclusión es incómoda pero necesaria: aunque el hospital disponía de protocolos de seguridad, nadie había previsto una emergencia de esa magnitud.
A partir de aquella experiencia se incorporaron sistemas de alimentación eléctrica ininterrumpida en los quirófanos, procedimientos estrictos de evacuación y responsabilidades específicas para cada integrante del equipo.
La historia no pertenece únicamente a la anestesiología o a la cirugía cardiovascular. Interpela directamente a la Medicina Respiratoria. Un paciente conectado a un ventilador, una fuente de oxígeno, un sistema de alto flujo, una CPAP o un equipo de transporte se encuentra unido a una cadena tecnológica que puede romperse en segundos.