A 10-Year Survey of the Lung Rescue Team
Respiratory Care, in press, 2026. Anna Caggioni, Lorenzo Berra, Edward A. Bittner, and Roberta Ribeiro De Santis Santiago
Lung Rescue Team: diez años de fisiología respiratoria de precisión y una posible ruta para México
Origen y propósito del modelo

La insuficiencia respiratoria aguda grave no siempre responde de manera adecuada a protocolos uniformes. Pacientes con obesidad, síndrome de dificultad respiratoria aguda, hipoxemia refractaria, alteraciones complejas de la mecánica torácica o interacción cardiopulmonar pueden requerir una evaluación más individualizada. En este contexto surgió el Lung Rescue Team (LRT) del Massachusetts General Hospital, en Boston, como un equipo multidisciplinario dedicado a aplicar fisiología respiratoria avanzada a la toma de decisiones en cuidados críticos.
El equipo fue desarrollado dentro de un hospital académico de alta complejidad vinculado con Harvard Medical School. Su estructura incluyó médicos de cuidados críticos, fellows de investigación, terapeutas respiratorios de las unidades y personal de enfermería. Su función fue complementar la atención habitual de la UCI mediante valoraciones en tiempo real de pacientes con insuficiencia respiratoria compleja.
Entre sus herramientas destacan la tomografía por impedancia eléctrica, la manometría esofágica, el ultrasonido cardiaco/pulmonar y la evaluación de la interacción corazón-pulmón. Estas tecnologías permiten estimar distribución regional de la ventilación, colapso y sobredistensión, reclutabilidad pulmonar, presión transpulmonar, trabajo respiratorio y respuesta hemodinámica a los cambios de PEEP. El servicio funcionaba de lunes a viernes, de 07:00 a 17:00 horas, y podía ser activado por cualquier profesional de las unidades mediante un localizador o comunicación directa.
El LRT no nació para sustituir al intensivista o al terapeuta respiratorio de cabecera. Su propósito fue aportar mediciones y experiencia especializada cuando los métodos convencionales resultaban insuficientes para explicar la fisiología del paciente o seleccionar una estrategia ventilatoria.
Evolución durante una década
El grupo acumuló experiencia en pacientes con obesidad grave, síndrome de dificultad respiratoria aguda e hipoxemia refractaria. Estudios previos del propio equipo asociaron el enfoque multimodal individualizado con menor utilización de ECMO y mejores resultados en grupos seleccionados, aunque gran parte de esa evidencia procede del mismo centro y no permite asumir que los beneficios sean reproducibles en todos los hospitales.
Después de aproximadamente diez años, los investigadores decidieron evaluar un aspecto menos visible, pero determinante para la sostenibilidad del programa: su reconocimiento, comprensión y utilización por parte del personal de las UCI.
El estudio incluyó 169 profesionales de siete unidades de cuidados intensivos para adultos. Participaron médicos tratantes, residentes, fellows, proveedores de práctica avanzada, enfermeras y terapeutas respiratorios. Estos dos últimos grupos representaron la mayor parte de la muestra: 56% enfermería y 18% terapia respiratoria. La tasa estimada de respuesta fue de 29%, por lo que los resultados deben interpretarse como una fotografía institucional y no como una representación completa de todo el personal.
Resultados después de diez años
Solo 62.7% de los participantes conocía la existencia del LRT. La familiaridad aumentó con los años de trabajo en el hospital: entre quienes tenían menos de dos años de experiencia, apenas 33% conocía el servicio, mientras que entre los profesionales con más de veinte años el porcentaje alcanzaba 86%. Tres cuartas partes de quienes desconocían el LRT llevaban cinco años o menos en la institución. Este hallazgo indica que el programa no había sido incorporado de forma sistemática a la inducción del personal nuevo.
Entre quienes conocían el equipo, 93% se consideraba moderada o muy familiarizado con sus funciones y 76% había solicitado al menos una consulta durante el año previo. El 63% señaló que la intervención había modificado el manejo clínico y 57% percibió mejores resultados para el paciente. Ningún participante atribuyó un desenlace desfavorable a la consulta.
Sin embargo, solo 10% consideró que el LRT estaba muy bien integrado en los flujos cotidianos de la UCI; 60% lo describió como parcialmente integrado y 29% como poco integrado. Esta diferencia entre utilidad percibida e integración real constituye el hallazgo central del artículo.
Las principales barreras fueron falta de conocimiento del servicio, señalada por 81% de los participantes; falta de entrenamiento, por 31%; incremento de carga de trabajo, por 20%; y dudas sobre la evidencia, por 11%. Ningún participante señaló preocupaciones sobre seguridad.
Lo que revelaron los comentarios abiertos
La tabla 5, del artículo, aporta la dimensión humana y organizacional del estudio. Los comentarios no están identificados por profesión, por lo que no pueden atribuirse exclusivamente a terapeutas respiratorios; representan la percepción combinada de distintos integrantes de las UCI.
Algunos participantes informaron que el LRT no aparecía en el directorio de localizadores o figuraba como disponible únicamente para emergencias fuera del hospital. Otros habían escuchado que el equipo perdió financiamiento después de la pandemia y ya no estaba activo. Esto evidencia una falla elemental: un servicio puede tener gran capacidad técnica y, al mismo tiempo, ser difícil de localizar o activar.
También se señaló falta de seguimiento posterior a las valoraciones. La consulta podía aportar información compleja, pero sin documentación clara, presencia posterior en la unidad o explicación de los resultados, el equipo tratante podía percibirla como una intervención aislada.
Otro grupo de comentarios expuso resistencia profesional: falta de apoyo de algunos médicos tratantes, confianza excesiva en la capacidad individual para resolver el problema y dudas sobre si el LRT ofrecía algo adicional a la experiencia existente. La expresión “nuestros terapeutas respiratorios suelen poder ayudar” muestra que en ese entorno los RRT de cabecera ya contaban con una presencia clínica sólida. Al mismo tiempo, obligaba al LRT a diferenciar con precisión su función respecto del manejo respiratorio habitual.
Los comentarios favorables fueron igualmente contundentes: “ha salvado muchas vidas”, “es un puente entre la práctica clínica y la atención basada en evidencia”, “mejora la atención y los resultados” y “es fácil trabajar con el equipo”. Estos testimonios reflejan aceptación del valor clínico, pero también una necesidad de mayor visibilidad, educación y continuidad.
Los propios participantes propusieron soluciones: materiales educativos, sesiones breves en las unidades, criterios claros de consulta, incorporación al expediente electrónico, participación en rondas de ECMO y reuniones interdisciplinarias, seguimiento después de cada estudio, mayor presencia física y financiamiento estable.
En enero de 2026, el LRT fue integrado formalmente a Respiratory Care Services, un cambio relevante porque deja de operar como una iniciativa relativamente independiente y se incorpora a una estructura hospitalaria permanente.
¿El LRT podría funcionar en la realidad mexicana?
Razones para considerarlo viable
México tiene hospitales de alta especialidad con unidades de cuidados intensivos, servicios de anestesiología, neumología, terapia respiratoria e ingeniería biomédica capaces de desarrollar programas de fisiología aplicada. Existen centros con experiencia en ventilación mecánica, ultrasonido, monitoreo hemodinámico y manejo de pacientes con insuficiencia respiratoria compleja.
La necesidad clínica es evidente. Los pacientes con obesidad, hipoxemia refractaria, SDRA, fracaso de ventilación no invasiva, destete difícil o asincronía ventilatoria requieren decisiones que no siempre pueden resolverse con parámetros convencionales. Un equipo especializado podría reducir variabilidad, apoyar a unidades con menor experiencia y concentrar conocimientos que actualmente se encuentran dispersos.
También existe una oportunidad profesional para la terapia respiratoria. Un programa de este tipo permitiría desarrollar perfiles avanzados en mecánica respiratoria, ultrasonido, manometría esofágica, EIT (Tomografía por Impedancia Eléctrica), interacción cardiopulmonar y análisis de ventilación. Su participación tendría que ser clínica, operativa y académica, no limitada a la ejecución técnica.
Obstáculos previsibles
La disponibilidad de terapeutas respiratorios es insuficiente y desigual. En muchos hospitales, las funciones respiratorias se distribuyen entre médicos, enfermería, fisioterapia e inhaloterapia, con diferencias importantes de formación y responsabilidades. Esta fragmentación puede generar conflictos sobre liderazgo, alcance profesional y toma de decisiones.
La tecnología avanzada tiene costos elevados. La adquisición de EIT o sistemas de manometría no garantiza su utilización sostenida. Sin entrenamiento, mantenimiento, consumibles, protocolos y volumen suficiente de casos, los equipos pueden quedar subutilizados.
También existe el riesgo de dependencia de una sola persona. Muchos proyectos innovadores en México se sostienen mientras permanece el líder que los inició y pierden continuidad con los cambios administrativos. La experiencia del LRT demuestra que incluso en un centro con recursos y prestigio internacional la falta de integración, financiamiento y visibilidad puede debilitar el programa.
La resistencia jerárquica también debe anticiparse. Un equipo consultor puede ser percibido como invasivo si no define claramente su función y si sus recomendaciones se presentan como correcciones al manejo del médico tratante. La relación debe construirse desde la colaboración y el apoyo fisiológico a la decisión clínica.
Ruta propuesta para México
El primer paso no debería ser la compra de tecnología, sino la creación de una red clínica de fisiología respiratoria avanzada dentro de uno o dos hospitales piloto. El programa tendría que depender institucionalmente de Medicina Respiratoria, Terapia Intensiva o un modelo conjunto, con participación formal de anestesiología, terapia respiratoria, enfermería e ingeniería biomédica.
La ruta podría desarrollarse en cinco etapas:
1. Definir la población objetivo. Hipoxemia refractaria, SDRA grave, obesidad mórbida, PEEP difícil, asincronía persistente, fracaso de destete, deterioro con ventilación no invasiva y valoración pre-ECMO.
2. Crear criterios de activación. Una hoja breve o algoritmo disponible en expediente electrónico y áreas críticas, con vía única de contacto y tiempos definidos de respuesta.
3. Formar al equipo. Capacitación escalonada en mecánica respiratoria, ultrasonido cardiopulmonar, manometría esofágica, EIT, seguridad y comunicación clínica. El terapeuta respiratorio debe participar como integrante permanente y no solo como apoyo técnico.
4. Iniciar con herramientas disponibles. Curvas ventilatorias, mecánica básica, gasometría, ultrasonido, capnografía y evaluación hemodinámica pueden constituir la primera fase. La EIT y la manometría deben incorporarse cuando exista capacidad para utilizarlas de forma regular.
5. Medir resultados. Número de consultas, cambios en ventilación, traslado a ECMO, complicaciones, mortalidad, días de ventilación, aceptación del equipo tratante y seguimiento de recomendaciones. Sin indicadores, el programa corre el riesgo de convertirse en una demostración tecnológica sin impacto institucional.
Conclusión
El “Lung Rescue Team” demuestra que la fisiología respiratoria avanzada puede mejorar la capacidad de individualizar el soporte ventilatorio, pero también muestra que el conocimiento técnico no garantiza su adopción.
Después de diez años, el principal obstáculo no fue la seguridad ni la falta de valor percibido. Fueron la escasa visibilidad, la integración incompleta, la ausencia de criterios claros de consulta y la fragilidad organizacional.
En México, un modelo semejante sería posible si se construye como programa institucional, multidisciplinario y escalonado. Su éxito dependerá menos de disponer inmediatamente de toda la tecnología y más de formar profesionales, definir responsabilidades, integrar procesos y demostrar resultados.
La lección del LRT es clara: la fisiología puede rescatar al pulmón; la organización determina si esa capacidad llega a tiempo al paciente.
