Felicidad, matrimonio, y a veces sufrimiento

Para terminar la semana del Amor y la Amistad va un análisis sobre la búsqueda de la Felicidad y para ello tomaremos las enseñanzas que Tal. autor de best sellers sobre la Ciencia de la Felicidad y profesor de la Harvard, que desmenuza los caminos para conseguirla. Primero una Leyenda situada en nuestros hospitales que se convierten en mercados de Felicidad, matrimonio, y a veces sufrimiento; posteriormente un resumen ejemplificado de su último libro “Happy habits” publicado hace unos meses.

Marco y Mariana: cuando el corazón también aprende protocolos

Dime si molesto,

dijo él al entrar,

porque me marcho inmediatamente.

No solo molestas,

contesté,

pones patas arriba toda mi existencia.

Bienvenido.

Blanca Varela

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Marco llegó al hospital universitario como llegan los que tienen hambre de crecer. Había aprendido ventilación mecánica, sabía ajustar PEEP sin mirar dos veces, sabía anticipar un desacople antes de que el monitor gritara. Lo ascendieron.

Hospital más grande. Más médicos. Más protocolos. Más exigencia. Y él floreció.

Por las tardes entrenaba en el deportivo. Por las mañanas salvaba respiraciones. Era joven, fuerte, seguro. Y entonces apareció Mariana. Enfermera de piso crítico. Meticulosa con las bombas de infusión. Precisa en los balances. Humana con los familiares.

Marco empezó a pedir ese piso. Entre ajustes de presión soporte y aspiraciones traqueales, encontraba excusas para ir a la central de enfermería. Ella también alargaba los reportes. Compartían comida. Compartían risas. Compartían silencios. Y él empezó a sentir algo que no cabía en ningún protocolo.

Vacaciones

Mariana se fue. El hospital seguía igual. Pacientes ventilados. Guardias largas. Altas y traslados. Pero para Marco faltaba algo. Pidió otros pisos. Quiso distraerse. Cuando regresó, sus compañeros le avisaron:

—Ya está ahí. Marco caminó al piso con el corazón acelerado. La vio. Pero algo era distinto. En su mente empezó a sonar:

“Yo no sé qué le ha pasado…

que la encuentro pensativa…

ante todo indiferente…”

Ella evitaba sostenerle la mirada mientras verificaban gases arteriales.

“Si la miro fijamente,

no sostiene la mirada…”

Él ajustaba el ventilador, pero por dentro se preguntaba:

“¿Y quién puede ser si es que no soy yo?”

Mariana

Mariana lo veía confundido. Mientras preparaba medicación para un paciente en destete ventilatorio, pensaba:

“Perdona si te hago llorar…

perdona si te hago sufrir…”

Ella había regresado distinta. En vacaciones había estado con su novio de años. Y entendió. Entendió que el amor no es solo admiración. No es solo química. No es solo intensidad.

“Me he enamorado… me enamoré…”

Pero no de Marco.

El deterioro

Marco empezó a fallar en detalles pequeños. Olvidó documentar una presión pico. Respondió con irritación en un pase de visita. Llegó tarde a una guardia. Sus colegas lo notaron. El coordinador lo llamó. Se habló de posible transferencia. Y en su mente seguía girando:

“No la siento como antes…”

Mariana lo miraba desde la estación. Y en silencio repetía:

“Soy honesta con él y contigo…”

La conversación

Antes de que se concretara el cambio, Mariana lo buscó. En la sala de descanso. Sin monitores. Sin alarmas.

—Marco… tengo que ser clara contigo. Le explicó. Tenía un novio de años. En vacaciones entendió que ese era su amor verdadero… Que con Marco dudó, sí… Que lo admiraba… Que lo respetaba. Pero no era él. En la mente de Marco retumbó:

“¿Quién me habrá borrado de su corazón?”

Pero la escuchó. Ella fue honesta. Nunca le prometió nada. Nunca dijo que lo quería. Él se había mirado en sus propios sentimientos.

Terapia intensiva enseña

Esa semana Marco trasladó a un paciente crítico al quirófano. Mientras empujaba la camilla, entendió algo. En terapia respiratoria uno aprende a no forzar una extubación antes de tiempo. Aprende a respetar procesos. Aprende que no todo lo que respira contigo te pertenece. El amor, pensó, también tiene sus protocolos invisibles.

Despedida

Marco aceptó la transferencia. No se fue derrotado. Se fue más maduro. Mariana lo abrazó como amigo.

—Gracias por ser como eres. Y en su mente volvió la voz:

“No te aferres… a un imposible…”

Marco sonrió. No la perdió. Aprendió. Aprendió que el amor no correspondido no es fracaso. Es formación. Llegó como un terapeuta joven e ilusionado. Se iba como un profesional más sólido… y un hombre más consciente. Mientras salía del hospital por última vez, pensó:

Salí ganando… No todo… Pero gané.

Y allá afuera, en otro hospital, en otra guardia, en otra historia…llegará la persona correcta. Y cuando llegue, no será desde la ilusión, será desde la madurez.

Porque en terapia intensiva aprendió algo más que ventilación. Aprendió que el corazón también necesita tiempo de adaptación. Y ambos, Marco y Mariana, siguieron caminos distintos… pero no rotos… Prometedores. Como dos profesionales que supieron decir la verdad a tiempo. Y eso, en cualquier hospital, también salva vidas.