“ERES TÚ”

Como una promesa eres tú, eres tú…

Estela llega antes de que despierte el hospital. A esa hora, los pasillos de pediatría respiratoria todavía guardan silencio, pero ella sabe que en unas horas estarán llenos de sonidos pequeños: respiraciones agitadas, llantos suaves, alarmas que piden atención.

Para ella, la Terapia Respiratoria siempre fue una promesa. No una promesa ruidosa, sino una de esas que se cumplen todos los días sin aplausos. Una promesa de estar cuando el aire falta.

Como una mañana de verano…

Hay algo en la forma en que entra a la sala que calma a los niños. Estela no corre, no levanta la voz. Se agacha a su altura, les explica con palabras sencillas qué va a hacer. Sus manos son firmes, pero cálidas, como esas mañanas donde el sol no quema y el día todavía es posible. Cuando coloca la cánula de oxígeno, lo hace despacio, mirándolos a los ojos, recordándoles que respirar también puede ser seguro.

Como una sonrisa eres tú, eres tú…

En la cama 3 hay un niño de cuatro años que llora cada vez que ve una mascarilla. Estela se sienta a su lado, convierte la mascarilla en un juego, en un cohete, en un superpoder. Cuando el niño sonríe por primera vez, ella sabe que el tratamiento ya empezó mucho antes de que el oxígeno fluya.

La Terapia Respiratoria también es eso: una sonrisa que abre el pecho antes que el aire.

Así, así eres tú…

Toda mi esperanza eres tú, eres tú…

En la unidad, hay días difíciles. Días en que la saturación no sube, en que los músculos accesorios trabajan demasiado, en que el miedo se siente en el ambiente. Estela ha aprendido que la esperanza no siempre es curar, a veces es acompañar. Es ajustar el flujo, cambiar la posición, hacer fisioterapia suave en esos pechitos pequeños que aún están aprendiendo a luchar. Es no irse cuando el turno termina si el niño todavía la necesita.

Como lluvia fresca en mis manos…

Sus manos conocen el ritmo del tórax infantil. Percuten, vibran, drenan. Cada palmada es cuidadosa, cada técnica está pensada para no dañar. En esos movimientos repetidos hay ciencia, sí, pero también hay algo más: respeto por un cuerpo pequeño que confía.La Terapia Respiratoria cae como lluvia fresca cuando los pulmones están cansados.

Como fuerte brisa eres tú, eres tú…

Hay momentos en que todo cambia rápido. Un broncoespasmo, una crisis, un llamado urgente. Estela se mueve con decisión, como una brisa fuerte que limpia y ordena. No hay pánico, hay enfoque.

La Terapia Respiratoria es esa fuerza invisible que sostiene cuando parece que el aire se va.

Así, así eres tú…

Eres tú como el agua de mi fuente…

Para Estela, esta profesión es su fuente. De aquí bebe sentido, identidad, propósito. No eligió el camino más fácil ni el más reconocido. Eligió uno donde cada logro es íntimo, donde cada alta es una victoria silenciosa.

Cada niño que se va respirando mejor es agua clara que renueva su vocación.

Eres tú el fuego de mi hogar…

Después del turno, Estela llega a casa cansada, pero en paz. Sabe que hoy alguien durmió mejor gracias a su trabajo. Ese fuego interno no se apaga con los años; al contrario, se vuelve más sereno, más profundo.

La Terapia Respiratoria es el fuego que la mantiene firme incluso en los días más duros.

Eres tú como el fuego de mi hoguera… Eres tú el trigo de mi pan…

Su trabajo no es un acto heroico aislado. Es sustento, es constancia, es dignidad profesional. Es levantarse cada día sabiendo que lo que hace importa, aunque no siempre se vea.

Como el pan, la Terapia Respiratoria alimenta la vida cotidiana de los hospitales y de las familias.

Como mi poema eres tú, eres tú…

Hay belleza en lo que hace, aunque no siempre se nombre. En el sonido de una respiración que se normaliza, en el pecho que ya no se hunde, en el niño que vuelve a jugar… La Terapia Respiratoria es un poema escrito con aire, manos y paciencia.

Como una guitarra en la noche…

En los turnos nocturnos, cuando todo parece más frágil, Estela sigue ahí. Ajustando, vigilando, escuchando. Cada respiración es una cuerda que debe mantenerse afinada… La música de la noche hospitalaria también necesita quien la sostenga.

Todo mi horizonte eres tú, eres tú…

A sus cuarenta años, Estela no se pregunta si eligió bien. Lo sabe. Su horizonte está hecho de aprendizaje continuo, de niños que crecen, de una profesión que evoluciona y que necesita voces comprometidas.

La Terapia Respiratoria no fue un trabajo pasajero. Fue y es su camino.

Así, así eres tú…

Y mientras apaga la luz de la sala, antes de salir, Estela mira una vez más a sus pacientes dormidos. Respiran. Y eso basta…

Porque al final, cuando todo se reduce a lo esencial,

ERES TÚ:

la Terapia Respiratoria.