Leyendas de pasión…. continuación, y en espera del triunfo de nuestra selección

Ser para uno mismo, servir a los demás y comenzar ahora


“Si no soy para mí, ¿quién será para mí?

Pero si estoy solo para mí, ¿quién soy?

Y si no ahora, ¿cuándo?”

— Rabí Hillel

Esta es una famosa enseñanza atribuida al Rabí Hillel, un sabio judío que vivió en el siglo I a.C. y es conocido por su sabiduría y liderazgo en la tradición judía. Esta frase se encuentra en el Pirkei Avot, un texto ético del Talmud.

Después de aprender que cada persona debe florecer desde su propia esencia, queda una enseñanza adicional. No basta con descubrir quiénes somos. También debemos decidir qué haremos con aquello que hemos recibido y cuánto tiempo seguiremos esperando para comenzar.

La primera frase de Hillel habla de responsabilidad personal: “Si no soy para mí, ¿quién será para mí?”

En la vida hospitalaria, muchos terapeutas esperan que alguien descubra su talento, les señale el camino, les ofrezca una oportunidad o reconozca espontáneamente su trabajo. En ocasiones sucede. La mayoría de las veces, el crecimiento comienza cuando el propio profesional decide responsabilizarse de su formación.

Nadie puede estudiar fisiología por nosotros. Nadie puede desarrollar nuestro criterio clínico, corregir nuestros hábitos o construir nuestra disciplina. Podemos recibir buenos maestros, oportunidades y apoyo institucional, pero llega un momento en que cada terapeuta debe tomar en sus manos la conducción de su carrera.

Ser para uno mismo significa cuidar la salud, reconocer el cansancio, establecer límites y proteger la dignidad profesional. También implica prepararse, buscar orientación, aceptar las propias debilidades y trabajar sobre ellas. No es egoísmo. Es construir una base suficientemente firme para poder sostener a otros.

La segunda frase completa el sentido: “Pero si estoy solo para mí, ¿quién soy?”

El conocimiento que sólo sirve para alimentar el prestigio personal termina perdiendo profundidad. Un terapeuta puede dominar un ventilador, interpretar curvas complejas o acumular certificaciones. Pero si no comparte lo aprendido, si no ayuda al compañero que comienza, si ignora la angustia del paciente o utiliza su experiencia para establecer distancia, su crecimiento queda incompleto.

La Medicina Respiratoria se construye en comunidad. Cada terapeuta recibió alguna vez la explicación paciente de un compañero, la confianza de un profesor o la oportunidad que alguien decidió ofrecerle. Enseñar al que llega, comunicar un riesgo, acompañar a una familia y participar en la mejora de un servicio son formas de devolver lo recibido.

Servir a los demás no significa aceptar abuso, trabajar sin descanso o renunciar a las propias necesidades. Significa comprender que una profesión sanitaria encuentra su sentido cuando el conocimiento se transforma en protección, alivio, recuperación y enseñanza.

He visto terapeutas muy competentes que se volvieron indispensables por todo lo que sabían. También he visto a otros convertirse en verdaderos referentes por la manera en que lograban que quienes estaban a su alrededor crecieran con ellos. Los primeros resolvían problemas. Los segundos, además, formaban equipos capaces de resolverlos cuando ellos ya no estaban presentes.

La tercera frase nos enfrenta con el tiempo: “Y si no ahora, ¿cuándo?”

En los hospitales siempre existe una razón para posponer. Falta personal, sobra trabajo, no hay presupuesto, el turno es difícil, la institución todavía no está preparada o alguien más debería tomar la iniciativa. Algunas de esas dificultades son reales. Pero esperar a que todo sea favorable puede convertirse en una forma de permanecer inmóvil.

No todos podemos transformar un sistema de salud de un día para otro. Sí podemos comenzar con una acción concreta: estudiar un tema que no dominamos, revisar un protocolo, acompañar a un estudiante, registrar mejor los resultados, proponer una sesión clínica o corregir una práctica insegura.

Las grandes transformaciones profesionales casi nunca comienzan con actos espectaculares. Nacen cuando alguien decide hacer bien aquello que tiene delante y mantenerlo el tiempo suficiente para que otros puedan sumarse.

La enseñanza de Hillel guarda un equilibrio que también necesita la Terapia Respiratoria.

Debemos ser para nosotros mismos, porque una profesión fuerte necesita personas preparadas, conscientes de su valor y responsables de su desarrollo.

Debemos ser para los demás, porque el conocimiento sanitario sólo alcanza su verdadera dimensión cuando mejora la vida de otra persona.

Y debemos comenzar ahora, porque los pacientes, los jóvenes que están formándose y la profesión que deseamos construir no pueden esperar indefinidamente.

Florecer desde la propia esencia es apenas el comienzo. La madurez llega cuando esa flor ofrece sombra, semilla, enseñanza o esperanza a quienes recorren el mismo jardín.

Ésa es una forma digna de crecer: cuidarse sin encerrarse, servir sin desaparecer y actuar sin continuar esperando el momento perfecto.