Respiratory Therapy · Charlie Weir Ayer a las 3:27 a.m. Facebook
“He sido terapeuta respiratorio de cuidados críticos durante más de 40 años, trabajando con más de 20 respiradores diferentes y enseñando tanto a estudiantes como a médicos noveles.
Durante esos años, he ejercido en 8 estados, desde Washington y Oregón hasta Maine, en hospitales de acceso crítico y grandes hospitales docentes.
Durante todos estos años, nunca hemos tenido el respeto que merecemos; ni siquiera pueden pronunciar nuestro título sin escupir. No distinguen entre un “respirador” y un “ventilador” o nos confunden con enfermeras o, en ocasiones, con médicos. En la mayoría de los demás países, el puesto que desempeñamos lo desempeña una enfermera especializada altamente cualificada.
Sin embargo, una cosa: una enfermera de UCI o de urgencias, una enfermera de partos o de UCIN y los médicos que trabajan con ellas saben perfectamente lo que hacemos y nos apoyamos mutuamente.
Lamento no poder continuar con mi carrera; la echo mucho de menos. Ver repeticiones de “Urgencias” o “The Pitt” no es suficiente.
Gracias por dejarme acompañarte. Este era yo en una misión en Aspen, Colorado, hace algunos años.
Charles Evans “Charlie” Weir, RRT
Vancouver, Washington: Vancouver, no la de Canadá, y Washington, el estado, no D. C.
Simplemente tome la segunda estrella a la derecha y siga hasta la mañana.” Traducido literal del original
LEYENDAS DE PASIÓN
COMENTARIO PERSONAL
La historia de Charlie no es escuchar una queja. Es escuchar la memoria viva de una profesión que ha sostenido respiraciones durante décadas sin reflectores.
Más de 40 años en terapia respiratoria, múltiples ventiladores, hospitales pequeños y grandes, docencia, trauma, trasplantes… y aun así la sensación persistente de invisibilidad. No porque el trabajo no sea vital, sino porque culturalmente nunca supimos estructurar el reconocimiento.
Y esa realidad no es exclusiva de Estados Unidos.
En México vivimos algo similar, aunque con matices propios. Nuestra disciplina ha crecido más por necesidad clínica que por planeación estructural. Hemos estado en las UCI, en los quirófanos, en neonatos que luchan por vivir, en pandemias, en crisis respiratorias, en turnos interminables. Pero históricamente hemos carecido de tres pilares fundamentales: identidad profesional sólida, estandarización educativa nacional y unidad estratégica.
No es un lamento. Es un diagnóstico.
El respeto no se decreta. Se construye.
En otros países el rol respiratorio lo ocupa enfermería especializada. Aquí hemos construido una identidad distinta, pero todavía joven y heterogénea. Mientras no tengamos estándares homogéneos de formación, certificación formal por competencias y cultura académica constante, seguiremos dependiendo del reconocimiento individual, no del institucional.
Y eso es frágil.
Los testimonios de colegas con 40 o 50 años de carrera nos dicen algo muy claro: en la UCI sí saben quiénes somos. En el paro cardiorrespiratorio sí nos llaman. En la asincronía ventilatoria sí confían. En el neonato inestable sí nos esperan.
Pero fuera de ese espacio crítico, nuestra figura se diluye. La pregunta no es por qué no nos reconocen. La pregunta es qué estamos haciendo como gremio para estructurar ese reconocimiento.
En México debemos avanzar en cinco frentes con madurez y sin caudillismos fáciles:
1. Educación rigurosa y homogénea.
No basta con buena voluntad. Necesitamos currículos alineados, lectura científica, pensamiento crítico y formación continua real.
2. Certificación por competencias verificables.
La competencia no puede suponerse. Debe demostrarse y renovarse. Eso dignifica la profesión más que cualquier discurso.
3. Unidad profesional sin protagonismos.
Las divisiones pequeñas nos debilitan. La cooperación estratégica nos fortalece.
4. Trabajo interdisciplinario real.
El respeto crece cuando el equipo funciona. Cuando el médico, la enfermera y el terapeuta saben que el otro aporta criterio, no solo ejecución.
5. Cultura profesional interna.
El orgullo no debe depender de aplausos externos. Debe nacer del dominio técnico, del estudio constante y de la ética clínica.
No necesitamos mártires ni héroes solitarios. Necesitamos sistema.
Charlie habla desde la nostalgia de quien amó su profesión. Nosotros debemos hablar desde la responsabilidad de quienes aún la estamos construyendo.
La Terapia Respiratoria mexicana tiene hoy una oportunidad histórica: estandarizarse, certificarse, elevar su formación y consolidar liderazgo técnico. No para competir con otros gremios, sino para garantizar que cuando alguien necesite respirar asistido, haya detrás un profesional preparado y reconocido por su competencia.
El respeto no llegará por redes sociales. Llegará cuando como país podamos decir: aquí la Terapia Respiratoria está estructurada, certificada y académicamente sólida. No es un camino corto. Pero es un camino posible.
Y si algo nos enseñan estas generaciones de 40 años de carrera es que, aunque el reconocimiento externo tarde, el impacto real permanece: vidas salvadas, familias agradecidas, equipos que confían. Que esa memoria no se convierta en nostalgia.
Que se convierta en estructura.
Es momento de dejar de pedir respeto y empezar a consolidarlo: Unidad, formación, certificación y liderazgo técnico.
Ahí está la dignificación verdadera.
