Laryngeal Mask Airway: An Alternative for Neonatal Resuscitation in a US Safety-Net Hospital Danielle S. Roberts, Respiratory Care Volume 71, Oct. 2026

La evolución de la mascarilla laríngea representa uno de los cambios conceptuales más importantes en el manejo moderno de la vía aérea. Concebida originalmente por Archie Brain como una interfaz intermedia entre la mascarilla facial y la intubación endotraqueal, hoy forma parte de una familia más amplia de dispositivos supraglóticos de vía aérea —SGA/SAD— con diseños y funciones diferentes. Algunos se orientan fundamentalmente a ventilación; otros incorporan canal de drenaje gástrico, mayor presión de sello o capacidad para servir como conducto de intubación. Por ello, actualmente resulta más apropiado hablar de “dispositivos supraglóticos” que utilizar LMA como denominación genérica.
La intubación endotraqueal continúa siendo la vía aérea definitiva cuando es necesaria protección traqueal, altas presiones de ventilación, aislamiento pulmonar o ventilación prolongada. Sin embargo, la práctica contemporánea ha desplazado el objetivo inmediato desde “colocar un tubo” hacia mantener oxigenación y ventilación eficaces con el menor número posible de intentos y traumatismos. Esta filosofía explica la creciente importancia de los SGA en anestesiología, urgencias, cuidados intensivos, atención prehospitalaria, pediatría y, recientemente, neonatología.
Dispositivos de segunda generación: no todos cumplen la misma función
Los SGA se posicionan sobre la entrada laríngea y forman un sello que permite ventilación a presión positiva sin atravesar las cuerdas vocales. Los dispositivos de segunda generación incorporan características destinadas a mejorar el sello y, frecuentemente, un canal independiente de drenaje esofagogástrico. Esto reduce, pero no elimina, la insuflación gástrica ni el riesgo de regurgitación y aspiración. Ningún SGA debe considerarse equivalente a un tubo endotraqueal en protección frente a aspiración.
La LMA ProSeal es un dispositivo con manguito inflable, buen sello orofaríngeo y canal gástrico; posee una amplia experiencia clínica y ha sido particularmente estudiada en pediatría. La i-gel utiliza un manguito anatómico de elastómero termoplástico no inflable, simplificando la inserción y evitando la necesidad de controlar presión del cuff; esta facilidad operativa explica gran parte de su expansión en emergencias y reanimación. El Air-Q Intubating Laryngeal Airway fue concebido además como conducto para el paso de un tubo endotraqueal, con un tubo relativamente corto y amplio y una arquitectura diseñada para orientar el tubo hacia la glotis. El Air-Q sp3 incorpora un manguito autopresurizable y existen tamaños pediátricos y neonatales.
La consecuencia práctica es que la elección del SGA debe responder al objetivo clínico. Si sólo necesitamos ventilación rápida, las prioridades son facilidad de inserción, sello y reproducibilidad. Si existe posibilidad de convertir posteriormente la vía aérea en endotraqueal, debe seleccionarse un dispositivo apropiado para intubación guiada.
Adultos: Plan B continúa vigente, pero ha cambiado su significado
Las nuevas Difficult Airway Society Guidelines 2025, publicadas en British Journal of Anaesthesia, conservan el algoritmo lineal: Plan A, intubación traqueal; Plan B, ventilación mediante dispositivo supraglótico; Plan C, ventilación final mediante mascarilla facial; y Plan D, acceso de emergencia por la cara anterior del cuello. El principio transversal es mantener el aporte de oxígeno durante todo el proceso, maximizar el éxito al primer intento y avanzar oportunamente cuando una estrategia fracasa.
Cuando fracasa la intubación, el Plan B recomienda un SGA de segunda generación. Se permiten un máximo de tres intentos de inserción. Si se logra ventilación y oxigenación adecuadas, la recomendación es detenerse, pensar y comunicar antes de efectuar otra intervención. La conducta por defecto, cuando no es indispensable continuar el procedimiento, es despertar al paciente. En situaciones seleccionadas puede mantenerse el SGA, establecerse una vía aérea quirúrgica controlada o convertir el SGA en plataforma para intubación.
Aquí existe una actualización especialmente relevante respecto de algunos diseños antiguos de dispositivos intubadores. Aunque históricamente se describió la intubación “a ciegas” a través de algunos SGA, las DAS 2025 explícitamente desaconsejan esta práctica. Si la intubación traqueal resulta imprescindible y el paciente está estable y bien oxigenado mediante un SGA funcional, puede realizarse un intento de intubación a través de éste, pero bajo visualización, habitualmente con fibrobroncoscopio flexible y, cuando corresponde, con catéter de intercambio tipo Aintree.
El cambio conceptual es importante: el SGA no representa simplemente “el fracaso de la intubación”. Puede convertirse en una zona de seguridad fisiológica desde la cual recuperar oxigenación, reorganizar al equipo y decidir racionalmente el siguiente paso.
Urgencias y ámbito prehospitalario
El escenario extrahospitalario muestra con claridad el valor operacional de los SGA. El metaanálisis de Zhang y colaboradores publicado en 2026 incluyó 19 ensayos aleatorizados y 11,982 pacientes con paro cardíaco extrahospitalario. Frente a la intubación endotraqueal, la LMA se asoció con un establecimiento de la vía aérea aproximadamente 87 segundos más rápido y una mayor tasa de éxito al primer intento. Sin embargo, no mostró diferencias estadísticamente significativas en supervivencia ni mortalidad.
Esto debe interpretarse correctamente. No demuestra superioridad de la LMA sobre la intubación en supervivencia ni permite afirmar equivalencia absoluta entre técnicas. Lo que demuestra es una ventaja procedimental, especialmente relevante cuando interrumpir compresiones, prolongar intentos de laringoscopia o depender de operadores poco expuestos a intubación puede perjudicar la reanimación. El dispositivo y la estrategia deben adaptarse al entrenamiento del sistema prehospitalario y al escenario clínico.
Pediatría: oxigenar antes que insistir
En pediatría, la menor reserva de oxígeno y el mayor consumo metabólico hacen que los intentos repetidos de intubación puedan precipitar rápidamente hipoxemia grave. La prioridad frente a una vía aérea difícil debe ser restaurar oxigenación y ventilación, no persistir indefinidamente en colocar un tubo.
Las guías conjuntas ESAIC/BJA para neonatos y lactantes recomiendan videolaringoscopia con pala apropiada como primera opción de intubación, oxigenación apneica durante la intubación neonatal, limitar el número de intentos y utilizar un SGA para rescatar oxigenación y ventilación cuando fracasa la intubación, esta última con recomendación fuerte 1B.
Por ello, el SGA debe estar disponible inmediatamente en cualquier entorno donde se maneje una vía aérea pediátrica. El dispositivo permite interrumpir una sucesión potencialmente perjudicial de laringoscopias, recuperar fisiología y, cuando esté indicado y el dispositivo sea compatible, facilitar una intubación guiada.
Neonatología: el cambio más importante
La reanimación neonatal tiene una característica fundamental: el problema primario suele ser respiratorio antes que circulatorio, por lo que establecer ventilación efectiva es la intervención decisiva. La mascarilla facial continúa siendo ampliamente utilizada, pero presenta fuga, obstrucción y variabilidad dependiente del operador. La intubación, por otra parte, exige entrenamiento y en muchos programas neonatales presenta un éxito inicial limitado. El estudio de Roberts señala que cerca de la mitad de las intubaciones neonatales pueden requerir más de un intento, con las consiguientes posibilidades de trauma y deterioro fisiológico.
Las AHA/AAP 2025 establecen dos recomendaciones claramente diferenciadas. En recién nacidos de ≥34 semanas, es razonable utilizar una mascarilla laríngea como alternativa a la intubación cuando la ventilación con mascarilla facial resulta ineficaz —COR 2a, C-LD—. Además, puede ser razonable utilizarla como interfaz primaria de ventilación, en lugar de comenzar necesariamente con mascarilla facial —COR 2b, C-LD—.
La revisión comparativa de AHA/AAP, ANZCOR y ERC publicada en 2026 muestra una convergencia general en reconocer al SGA como alternativa importante durante la reanimación, pero también diferencias en edades gestacionales, fuerza de recomendación y certeza de evidencia. Por tanto, no sería correcto afirmar que existe una recomendación internacional completamente uniforme.
Roberts 2026: primera línea neonatal en la práctica real
El estudio publicado en Respiratory Care en octubre de 2026 aporta una dimensión particularmente práctica. Denver Health implementó el Air-Q sp3 tamaño 0.5 como alternativa de primera línea para ventilación en recién nacidos de ≥35 semanas y ≥1.5 kg. Durante la implementación se utilizó inicialmente en 58.7% de los neonatos elegibles, y profesionales con diferentes niveles de experiencia pudieron aprender su colocación después de entrenamiento estructurado con enseñanza, demostración, simulación y evaluación de competencia.
Los resultados clínicos inmediatos fueron comparables con la estrategia basada en mascarilla facial respecto a ingreso a UCIN, intubación, compresiones y epinefrina. Esto no demuestra superioridad clínica, pero sí demuestra factibilidad, aceptación y posibilidad de incorporar el dispositivo al flujo habitual de una sala de partos. El editorial que acompaña al trabajo plantea precisamente que la LMA neonatal continúa infrautilizada pese a su facilidad de entrenamiento y potencial para proporcionar una interfaz más estable de ventilación.
Una nueva función: administración de surfactante
La aplicación más innovadora es la administración de surfactante a través de la mascarilla laríngea, frecuentemente denominada S-LMA y en algunos entornos SALSA —Surfactant Administration via Laryngeal or Supraglottic Airway—. El objetivo es proporcionar surfactante evitando la laringoscopia y la intubación endotraqueal convencional.
La actualización Cochrane de 2024 incluyó ocho ensayos y 510 recién nacidos. Frente a InSurE, S-LMA pudo reducir la necesidad posterior de ventilación mecánica —RR 0.53; NNT aproximado 7—, pero con evidencia de baja certeza. No se demostró una reducción convincente en muerte, displasia broncopulmonar o escapes aéreos, y prácticamente no existen resultados neuroevolutivos a largo plazo. Además, no hubo ensayos comparativos directos con LISA en esa revisión.
Por ello, SALSA no debe presentarse actualmente como sustituto establecido de LISA/MIST. LISA posee una base de evidencia más amplia, especialmente en prematuros pequeños. Para menores de 32 semanas o <1500 g, Cochrane considera insuficientes los datos para respaldar o rechazar S-LMA y recomienda mantener su utilización en investigación clínica en este grupo.
Sin embargo, el concepto es científicamente atractivo: el SGA deja de ser exclusivamente una interfaz para ventilación y pasa a funcionar también como plataforma terapéutica pulmonar.
Conclusión
La evolución de los dispositivos supraglóticos no significa que la mascarilla laríngea sustituya a la intubación endotraqueal. Significa algo más útil: que la vía aérea moderna dispone de una interfaz capaz de rescatar oxigenación, facilitar ventilación, reducir intentos traumáticos, proporcionar tiempo para decidir y, en dispositivos apropiados, servir como conducto para intubación bajo visión.
En adultos continúa siendo el Plan B formal de la vía aérea difícil; en urgencias y prehospitalario aporta rapidez y reproducibilidad; en pediatría permite priorizar oxigenación frente a intentos traqueales repetidos; y en neonatología está ocurriendo el cambio más profundo: del dispositivo utilizado después del fracaso de la mascarilla facial a una posible interfaz primaria de ventilación en recién nacidos seleccionados y, en determinados prematuros, a un conducto para administrar surfactante sin intubación convencional.
En 2026, por tanto, la pregunta ya no es solamente “¿puedo ventilar con una mascarilla laríngea?”, sino “¿qué dispositivo supraglótico, para qué paciente, con qué objetivo y cuál será el siguiente paso si funciona o si falla?”. Esa transición —de dispositivo de rescate a plataforma estratégica dentro de un plan de vía aérea— resume mejor el lugar actual de la mascarilla laríngea en anestesiología, urgencias, cuidados intensivos, pediatría y neonatología.