Laryngeal Mask Airway: An Underutilized Option for Neonatal Resuscitation. Conlon S, Sammour I. Respiratory Care.

Mascarilla laríngea: una opción infrautilizada para la reanimación neonatal.

Air-Q®3 y vía aérea supraglótica en reanimación neonatal: una opción que merece mayor integración clínica


La llegada a México de dispositivos supraglóticos de nueva generación, como Air-Q®3 Supraglottic Airway de AirLife, abre una oportunidad para revisar el papel real de la mascarilla laríngea en neonatología, pediatría y vía aérea difícil. En las fotografías del dispositivo se observa disponibilidad desde tamaño 0, indicado por el fabricante para pacientes menores de 2 kg, con posibilidad de paso de tubo endotraqueal hasta 3.0 mm en ese tamaño. Este dato es relevante desde el punto de vista operativo, aunque debe interpretarse con prudencia: disponibilidad técnica no equivale automáticamente a indicación clínica universal.

El editorial de Conlon y Sammour, próximo a aparecer en Respiratory Care, plantea un punto central: la reanimación neonatal sigue dependiendo de una ventilación efectiva, y la mascarilla facial, aunque tradicional, se asocia con fugas, obstrucción e ineficiencia ventilatoria en algunos escenarios. La mascarilla laríngea nació precisamente como un dispositivo intermedio entre la facilidad de la ventilación con mascarilla facial y la confiabilidad de la intubación endotraqueal. Su ventaja es crear un sello de baja presión sobre la entrada laríngea sin necesidad de visualizar directamente las cuerdas vocales.

El artículo señala que los dispositivos supraglóticos disponibles se clasifican en diferentes familias según su mecanismo de sellado. En particular, el Air-Q®3 utilizado en el estudio comentado por Roberts y colaboradores combina características de sello perilaringeo con diseño anatómico, al poseer un manguito auto-presurizable.

Desde la evidencia neonatal, los autores destacan que la mascarilla laríngea ofrece resultados ventilatorios comparables a la ventilación con mascarilla facial, con ventajas técnicas importantes: sello más consistente, menor dependencia de la habilidad del operador y aprendizaje relativamente rápido, incluso en personal con experiencia limitada en vía aérea avanzada. Además, la simulación mejora de manera significativa la velocidad y competencia de colocación.

La idea más provocadora del editorial es que la mascarilla laríngea continúa infrautilizada. En muchos programas de reanimación neonatal se mantiene como recurso terciario o de rescate, después de fallar ventilación con mascarilla facial e intubación. Esta jerarquía se relaciona con cultura clínica y entrenamiento: en neonatología, la intubación endotraqueal se ha considerado una competencia central, aunque los registros muestran que el éxito al primer intento puede permanecer alrededor de 50%, incluso en contextos con entrenamiento.

El trabajo de Roberts y colaboradores, comentado en el editorial, evaluó una estrategia distinta: utilizar la mascarilla laríngea como interfaz inicial en reanimación neonatal. Con un abordaje estructurado, lograron aumentar su uso como primera línea hasta 58.7% de los recién nacidos elegibles, sin efectos adversos discernibles en más de cien neonatos. Para los autores, esto apoya una integración más amplia de la mascarilla laríngea como opción de primera línea en escenarios seleccionados.

Las guías 2025 de reanimación neonatal de AHA/AAP mantienen una posición prudente. La ventilación efectiva sigue siendo la prioridad; cuando la frecuencia cardíaca no aumenta con ventilación asistida por mascarilla facial, deben realizarse maniobras correctivas y considerar una vía aérea alternativa, ya sea tubo endotraqueal o mascarilla laríngea. La guía considera razonable usar mascarilla laríngea como alternativa a la intubación en recién nacidos de 34 semanas o más cuando la ventilación con mascarilla facial no es efectiva; también señala que puede ser razonable usarla como interfaz primaria en recién nacidos de 34 semanas o más.

El punto crítico para México es no confundir disponibilidad con adopción indiscriminada. Que exista un tamaño 0 para menores de 2 kg es una buena noticia técnica, pero la propia guía reconoce que la evidencia actual está limitada principalmente a recién nacidos de 34 semanas o más, y que aún falta información sólida sobre límites inferiores de peso o edad gestacional para los dispositivos más pequeños.

Para los equipos de Medicina Respiratoria, anestesia, neonatología y enfermería neonatal, la incorporación de estos dispositivos debería hacerse mediante protocolo. Deben definirse indicaciones, tallas, método de colocación, confirmación de ventilación efectiva, capnografía cuando esté disponible, presión de ventilación, fijación, criterios de retiro, uso durante compresiones, entrenamiento por simulación y registro de eventos. Durante compresiones, las guías recomiendan preferentemente ventilación mediante tubo endotraqueal, aunque aceptan la mascarilla laríngea como alternativa razonable cuando la intubación no es posible o falla en recién nacidos de 34 semanas o más.

La relevancia para México es clara. En muchos hospitales no siempre hay personal altamente entrenado en intubación neonatal disponible de inmediato. Un dispositivo supraglótico bien seleccionado, disponible en carro de reanimación, acompañado de simulación y evaluación de competencia, puede reducir retrasos en ventilación efectiva y ofrecer una alternativa segura mientras llega personal experto o se decide la siguiente intervención.

El mensaje no es sustituir la intubación endotraqueal. El mensaje es ampliar el repertorio de vía aérea neonatal con criterio moderno. La mascarilla laríngea no debe permanecer guardada como último recurso desconocido. Debe ser una herramienta entrenada, protocolizada y disponible, especialmente cuando la prioridad fisiológica es la misma de siempre: lograr ventilación efectiva antes de que la hipoxia defina el desenlace.

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