1ª. Parte: Naturaleza, salud respiratoria y hospitales verdes: una relación que debe interpretarse con rigor


Los ambientes naturales —bosques, parques, lagos, costas y montañas— no deben presentarse como tratamientos sustitutos de la medicina, sino como determinantes ambientales capaces de modificar exposiciones, conductas y respuestas fisiológicas. La evidencia más consistente no demuestra una “cura por la naturaleza”, sino beneficios generalmente modestos sobre estrés, bienestar psicológico, actividad física y algunos indicadores cardiovasculares. Los bosques aportan, además, servicios ecosistémicos esenciales: regulación térmica, protección del agua, amortiguación del ruido, captura parcial de contaminantes y creación de espacios para actividad y convivencia. Esta visión integra salud humana, salud ambiental y equidad, porque el acceso a entornos naturales no está distribuido de manera uniforme. (Organización Mundial de la Salud)

Los baños de bosque o shinrin-yoku consisten en una exposición sensorial y atenta al entorno forestal, mediante caminata, contemplación o actividades guiadas. Las revisiones incluidas encuentran reducciones de ansiedad, rumiación y afecto negativo, junto con mayor relajación, atención plena y autocompasión. También se han descrito descensos transitorios del cortisol, frecuencia cardiaca y presión arterial, aumento de la actividad parasimpática y cambios en algunos marcadores inmunológicos. Sin embargo, buena parte de los estudios presenta muestras pequeñas, intervenciones breves, controles insuficientes y heterogeneidad en el tipo de bosque, duración y desenlaces. Por ello, la terapia forestal debe considerarse complementaria, no una intervención clínica con dosis, indicaciones y eficacia plenamente establecidas.

En salud respiratoria, el posible beneficio procede principalmente de vías indirectas. Los espacios verdes pueden reducir calor, ruido y parte de la contaminación atmosférica; también favorecen la actividad física y disminuyen el estrés, factores relacionados con la salud cardiopulmonar. Un metaanálisis encontró que un incremento de 0.1 en el índice de vegetación se asociaba con menor incidencia de asma y menor mortalidad por EPOC, aunque con certeza baja o muy baja y heterogeneidad considerable. (Frontiers)

La revisión europea de terapia forestal identificó mejoría de parámetros pulmonares en adolescentes asmáticos expuestos a un ambiente forestal alpino. No obstante, se trató de una evidencia limitada y contextual, que no permite generalizar el efecto a cualquier bosque ni justificar la modificación del tratamiento del asma. Además, los experimentos respiratorios continúan siendo poco frecuentes frente al predominio de desenlaces psicológicos, cardiovasculares y bioquímicos.

Los compuestos orgánicos volátiles biogénicos —particularmente algunos monoterpenos emitidos por las plantas— constituyen un mecanismo plausible para ciertos efectos neuroendocrinos, psicológicos y antiinflamatorios. Pero su concentración cambia según las especies, el clima, la estación, la altitud y la contaminación ambiental; todavía no existe una dosis inhalada terapéutica validada.

Además, verde no equivale siempre a aire seguro. El polen, las esporas, la humedad, el humo de incendios, el ozono y determinadas configuraciones de árboles junto a vías de tráfico pueden aumentar la exposición respiratoria. Las revisiones sobre verdor urbano reconocen simultáneamente vías beneficiosas —menor contaminación, actividad física y diversidad microbiana— y vías perjudiciales relacionadas con aeroalérgenos. Por ello, la planificación sanitaria debe evaluar la calidad real del aire, no sólo la presencia visual de vegetación. (PubMed)

Los espacios azules —mares, ríos y lagos— se relacionan principalmente con restauración psicológica, actividad física, relajación y cohesión social. Los resultados son favorables en conjunto, pero heterogéneos y muy dependientes del modo en que se mide la exposición y de las características del cuerpo de agua. En las montañas, el paisaje y la actividad pueden favorecer el bienestar; sin embargo, la altitud introduce hipoxia, frío, radiación y mayor demanda ventilatoria. Por tanto, no debe asumirse un beneficio respiratorio universal, especialmente en personas con EPOC, hipertensión pulmonar o reserva funcional limitada. (PubMed)

Este marco conduce directamente al concepto de hospital verde. Su objetivo no es decorar la institución con plantas, sino disminuir emisiones, consumo energético, residuos y contaminación, mientras se construye un ambiente más saludable. En cuidados críticos implica ventilación y filtración eficientes, iluminación natural, control térmico y acústico, materiales de baja emisión, vistas o representaciones de naturaleza, jardines accesibles para familiares y personal y espacios de recuperación psicológica. Estas intervenciones deben respetar estrictamente el aislamiento, la prevención de infecciones y la seguridad del paciente.

La conclusión es doble: conservar ecosistemas constituye prevención sanitaria poblacional; incorporar sostenibilidad y contacto seguro con la naturaleza puede humanizar el hospital y reducir su huella ambiental. Sin embargo, el argumento debe mantenerse científico: los entornos naturales apoyan la salud, pero no reemplazan la terapéutica. Un hospital verdaderamente verde no sólo atiende enfermedades dentro de sus muros: también evita contribuir a la contaminación y al cambio climático que posteriormente llevan más pacientes respiratorios a urgencias y a las unidades de cuidados críticos.

Bibliografía seleccionada

1. Mazzoleni E, Donelli D, Zabini F, Meneguzzo F, Antonelli M. Forest Therapy Research in Europe: A Scoping Review of the Scientific Literature. Forests. 2024; 15:848. doi:10.3390/f15050848.

2. Liu Y, Wang C, Liu Y, et al. Integrating Forest Ecosystem Services into Health Strategies to Improve Human Well-Being. Forests. 2024; 15:1872. doi:10.3390/f15111872.