Si es cuestión de confesar

Enrique Monares Zepeda escribio ayer en las redes:

No sé preparar APRV

Y no entiendo citosorb

Creo que alguna vez use hig flow

Juego mal hasta el vexus

Y jamás uso (gas) arteriales

Y para ser más franco, nadie piensa en guías

Como lo hago yo

Aunque te dé lo mismo

Si es cuestión de confesar

Nunca duermo antes de diez

Ni recluto los domingos

La verdad es que también

Twiteo una vez al mes

Sobre todo cuando hay frío

Conmigo nada es fácil, ya debes saber

Me conoces bien

Sin funeo todo es tan aburrido

El X está cansado ya de ver las guias caer

Y cada día que pasa sale una nueva guía

parecida a ayer

No encuentro forma alguna de titular PEEP porque

Seguir reclutando

Siempre supe que es mejor

Cuando hay que ventilar

Empezar por la meseta

Ya sabrás la situación

Aquí todo está peor

Pero al menos aún ventilo

No tienes que decirlo, no vas a volver

Te conozco bien

Ya buscaré qué hacer conmigo

El instagram está cansado ya de ver las guias caer

Y cada día que pasa es una guia parecida a ayer

No encuentro forma alguna de titular PEEP por que

Seguir reclutando es inevitable

Siempre supe que es mejor

Cuando hay que hablar de guias

Empezar por uno mismo.”

OPINION DE UN AMIGO QUE LO ESTIMA Y RESPETA:

Hay textos que uno lee y sonríe. Y hay otros, menos frecuentes, que además de hacer sonreír retratan con bastante precisión el pequeño mundo en que vivimos quienes nos movemos entre ventiladores, guías, modas terapéuticas y esa necesidad tan humana de creer que ahora sí encontramos la respuesta definitiva.

Este escrito tiene justamente eso. Humor, oficio y memoria de trinchera.

No está hecho desde la superficialidad de quien mira la terapia intensiva desde fuera, sino desde la experiencia de alguien que conoce bien el terreno, sus entusiasmos, sus excesos, sus liturgias y también sus cansancios. Por eso funciona. Porque logra burlarse un poco de todos nosotros sin faltar al respeto a nadie.

Me gustó especialmente que entra por la vía de la confesión. No desde la pose del que todo lo sabe, sino desde la ironía del que se permite decir en voz alta lo que muchos piensan cuando ven desfilar una guía nueva, una tecnología flamante o una discusión eterna sobre PEEP, reclutamiento, APRV, high flow, VExUS o cualquier otra palabra que en ciertos días parece prometer la salvación del paciente… y de paso también la del ego académico.

Ahí está lo mejor del texto: tiene humor, pero no es un humor vacío. Tiene fondo. Se siente escrito por alguien que ha visto cómo en medicina crítica cada temporada trae su nuevo lenguaje, su nueva pasión y su nueva certeza provisional. Y aun así, al final del turno, el enfermo sigue exigiendo lo mismo: juicio clínico, calma, observación, experiencia y un poco de humildad.

También tiene algo que agradezco mucho: no presume. Se ríe de sí mismo, y esa es una forma muy fina de inteligencia profesional. En áreas como la nuestra, donde a veces abundan más las certezas ruidosas que las dudas honestas, un texto así refresca. Porque recuerda que detrás de tanta terminología, tanta guía y tanto algoritmo, seguimos siendo clínicos tratando de entender, decidir y ayudar lo mejor posible.

Lo leí con gusto y con complicidad. Me pareció ingenioso, muy de nuestro ambiente, y con esa clase de humor que solo sale bien cuando lo escribe alguien que realmente ha vivido lo que cuenta.

Mi respeto para quien lo escribió. Y mi sonrisa también. Con alta estima Alberto

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